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Imágenes y videos del terremoto en México central (2)

Hasta que las autoridades oficiales desplegaron a los militares -Enrique Peña Nieto convocó al Comité Nacional de Emergencias y anunció el despliegue de 3.000 militares en la capital- y la secretaría de la Marina de México comenzó las maniobras de búsqueda de supervivientes ayudados por los binomios canófilos, la respuesta ciudadana fue modélica en su organización al evacuar edificios colapsados, hacer acopio de herramientas, utensilios, protegiendo bienes ante posibles réplicas del terremoto y comenzar las cadenas humanas para llevar cubetas y levantar escombros con palas e instrumentos hidráulicos. Para algunas de las operaciones de rescate los militares solicitaron la retirada de cientos de ciudadanos que ayudaban voluntariamente debido a la peligrosidad de extraer escombros sin que se viniera totalmente abajo el piso, perdiendo los pilotes de la construcción y aplastando a supervivientes con los cuales se había establecido contacto por voz o sensor térmico.

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Los voluntarios de salvamento, junto con médicos, personal sanitario y trabajadores de protección civil, colaboraron masivamente a sacar supervivientes, para que las ambulancias salieran lo más rápido posible entre las calles acordonadas de inmuebles derrumbados y llegaran a tiempo a hospitales próximos que tenían en muchos casos una situación de campaña con pacientes en camas al exterior en plena acera o en los estacionamientos por si volvían a temblar los cimientos del hospital.

De forma cíclica, como si el camino de la vida y el camino de la muerte formaran un argumento circular como la metáfora del anillo único, mientras miles de personas estaban en vilo por sus seres queridos, sobre todo quienes buscaban a personas desaparecidas en la tragedia, y las cifras oficiales rebasaban ya 250 muertos, en algunos hospitales se produjeron nacimientos de bebés tras el seísmo en México central. Las complicaciones aumentan cuando un parto se adelanta al punto que la madre tuvo al recién nacido antes de poder llegar al centro de salud, pero el pasado 19 de septiembre de 2017 en México algunas mujeres dieron a luz a sus bebés al tiempo que se producía el gran temblor de tierra, así nacieron Ángel en Morelos o Adolfo Iñaki en Ciudad de México.

“Ya está, compadre, ya tuvo al bebé, en medio del sismo”, Amado Ortiz, un joven padre primerizo, habla por teléfono con un familiar para dar la buena nueva del nacimiento de su primogénito desde la puerta del Sanatorio Durango, en la colonia Roma Norte, la zona cero del terremoto en Ciudad de México, donde se han producido más colapsos de edificios y hay más de un centenar de fallecidos. Jéssica Mendoza, madre del niño, dice que ha sido un parto milagroso y que su instinto maternal le permitió aislarse de todo lo que estaba ocurriendo para poder dar a luz, segundos de oscilaciones de la habitación que se hicieron interminables en los que su vida y la del pequeño estaban en riesgo. El equipo de médicos y enfermeros del centro hospitalario trasladaron a la mujer a la calle y, mientras todo temblaba, consiguieron salvar las dos vidas sin preocuparse por la suya propia.

Mendoza llevaba seis centímetros de dilatación cuando el suelo empezó a temblar. Estaba en una sala de parto y recuperación, y su instinto maternal permitió que se aislara de lo que estaba pasando. “Pese a todo lo que ocurría a mi alrededor, seguí con mi alumbramiento. Me aislé por completo: no escuchaba nada. Solo recuerdo que estaba la doctora Elisabeth Valencia, las enfermeras, una doula -nombre para la matrona que acompaña a la parturienta mientras da a luz-, mi marido y mi madre. Ellos abrían paso entre el caos para poder dar con un espacio seguro”. Dio a luz sobre una banqueta situada en la esquina misma del sanatorio, en la confluencia de las calles de Durango y Sonora, protegida de potenciales derrumbes. Los policías improvisaron un hospital de campaña con unas sábanas en ese espacio para disponer un paritorio.

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Desde ese momento hasta que dio finalmente a luz pasó media hora que se hizo eterna. No fue necesaria ni anestesia epidural ni cesarea. Los materiales con los que los sanitarios atendieron al bebé fueron igualmente precarios: unas gasas esterilizadas, unos guantes y un aparato para medir la frecuencia cardíaca del neonato. Apenas 20 minutos después –casi una hora tras el terremoto–, madre e hijo fueron trasladados a una sala especialmente habilitada para acoger a los pacientes que habían tenido que abandonar las habitaciones del centro hospitalario. “Es un hospital de antigua construcción, pero aguantó bien”, apostilla Mendoza. “Aún así, cuando entré había pedazos derrumbándose”.

Amado Ortiz, padre del bebé, también habla con nerviosismo, al tiempo que agradecido. “El mundo se caía y él vino a salvar el nuestro. Es el mensaje más grande de amor y ejemplo de fuerza y valentía ante la vida”, explica este hombre mexicano. A su alrededor, decenas de pacientes han sido desalojados de la clínica. Esperan tumbados en camas con suero intravenoso por goteo o en sillas de ruedas a que se revise el estado de la estructura del edificio o a que, en definitiva, el temor a nuevas réplicas del terremoto se disipe y puedan volver a entrar en el hospital. A las diez de la noche –casi nueve horas después del temblor–, el bulevar de la calle Durango se ha convertido en un hospital de campaña, plagado de grandes tiendas blancas. Después del desalojo, ese será el techo, esta noche, para los enfermos y el personal sanitario. “Dentro de la gran tragedia que hemos vivido en la Ciudad de México, ha sido muy hermoso el parto. Si Adolfo Iñaki ha sobrevivido a este terremoto justo cuando estaba naciendo, va a superar todo en la vida”.

Sismo México 19 de septiembre de 2017, hospitales CDMX

Sismo México 19 de septiembre de 2017, hospitales CDMX

Como cada 19 de septiembre, Ciudad de México amaneció con el recuerdo del terremoto de 1985. Y como suele ser habitual ese día, se realizó un simulacro de evacuación en Ciudad de México, un protocolo de seguridad y civismo que aprenden a realizar desde los escolares hasta los trabajadores de los edificios de oficinas. Dos horas después del ensayo, las alarmas sísmicas no saltaron. La mayor parte de los sensores están situados en la costa del Pacífico, no en el interior del país, donde se registró el epicentro, próximo a Izúcar de Matamoros, Puebla. No hubo fallo técnico en los sismógrafos, según fuentes oficiales: el temblor no se pudo detectar a tiempo para que la población abandonase el lugar en el que se encontraba para ponerse a salvo.

Dalia Perlasca, de 38 años, vive en un tercer piso de la calle Puebla. “Comenzó a moverse y corrí hacia la puerta pero no podía meter las llaves porque la casa se iba de lado a lado. Suelo cerrar con tres cerraduras por razones de seguridad y me fue imposible abrir a tiempo. Temía que se rompieran las escaleras y sólo podía repetir bajo el dintel de la puerta: me voy a morir”.

“Nos unimos en las adversidades”, aseguraba Claudia García, de 28 años, mientras, apresurada, trataba de instalar una mesa con alimentos en la Avenida Ámsterdam, en pleno corazón de La Condesa, uno de los barrios con más damnificados por el temblor al tratarse de una zona de gran sedimentación, dado que el seísmo, a pesar de ser por falla normal intraplaca, tuvo menor profundidad unos 50 km bajo la superficie terrestre que el sucedido 12 días atrás en la costa del istmo de Tehuantepec, y tuvo epicentro en el interior del continente. El antiguo lago de Tenochitlán cubría antiguamente una parte de la Ciudad de México, donde las colonias de La Roma y Condesa son los distritos más cenagosos y la zona más afectada por el desplazamiento ocasionado en la placa tectónica. Hace 32 años estas dos barriadas se convirtieron en una gigantesca morgue tras el seísmo de 1985, y este martes sensaciones parecidas recorrieron el cuerpo de veteranos y recién llegados. A un paso de ahí, un reguero de gente formaba una cadena humana que se prolongaba cientos de metros hasta llegar a la esquina de la calle Laredo, donde se derrumbó un edificio. Cubos repletos de escombros se movían en perfecta armonía de unas manos a otras. Nunca la improvisación de unos ciudadanos voluntariosos fue tan efectiva. A través de las redes sociales, mensajes por WhatsApp en el celular, en los centros de acopio instalados, los ciudadanos dieron una lección a las autoridades al movilizarse de forma organizada.

Sismo México 19 de septiembre de 2017

En numerosos inmuebles colapsados, los trabajadores de emergencias, ayudados por los voluntarios colocaron en un poste próximo a la acumulación de escombros un cartel improvisado pidiendo silencio a la multitud de ciudadanos para poder escuchar lamentos o gritos de auxilio de posibles supervivientes en el edificio derrumbado. Pero a falta de mostrar carteles pidiendo silencio se utilizó una convención: los gritos de ánimo solo se veían silenciados cuando uno de los especialistas de salvamento levantaba un puño. Es la señal para que todos callen y poder escuchar si hay alguna persona todavía con vida bajo los escombros.

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Durante la noche continúan los trabajos de salvamento y atención a los heridos, los trabajadores de protección civil no se detienen, utilizan planos de la arquitectura del edificio y cascos con linternas para seguir en busca de supervivientes. Tras las escasas pausas se escucha un estruendo generalizado: “¡Viva México!”. Para mantener los ánimos en la penumbra, algunos ciudadanos mexicanos entonan «Cielito lindo» en medio de la noche. Durante las labores de rescate, la gente en la calle entona el célebre estribillo de la canción: “Canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones”. Después, alguien exclama “¡viva México!” y la multitud responde con vítores y aplausos.

Según Mayra Paredes, el vídeo fue grabado por su prima, Anahi Olvera, en la Ciudad de México. Tras su publicación, Cielito lindo se ha convertido en trending topic en Twitter junto con los hashtags #VivaMéxico, #FuerzaMéxico, #MéxicoEstáDePie, #MexicanosFuertes, y el video circula por las redes sociales con miles de reproducciones. Cielito lindo es una canción popular mexicana compuesta en 1882 por Quirino Mendoza y Cortés, ha sido interpretada por Tito Guízar, Pedro Infante, Vicente Fernández, Ana Gabriel, Luciano Pavarotti, entre otros artistas.

La esperanza llega a cuentagotas a los escombros de la calle Álvaro Obregón. Al rumor de que va a entrar maquinaria pesada, le sigue otro de que aún hay seis personas con vida. Al reloj, que marca las 72 horas que los protocolos internacionales señalan para dejar de buscar vidas, le sigue el puño en alto, porque alguien cree haber escuchado una voz en los escombros. El edificio de la calle Álvaro Obregón número 286, entre las colonias Roma y La Condesa, concentra en seis pisos derruidos el tiovivo de emociones en que se ha convertido el rescate durante las últimas horas y que se ha complicado tras el nuevo temblor registrado este sábado 23 de septiembre de 2017 por la mañana en el Estado mexicano de Oaxaca. Las labores de rescate en los inmuebles derrumbados en Ciudad de México han tenido que ser paralizadas. Hasta cuarenta y seis personas siguen atrapadas bajo los escombros, según la lista que han colgado en la farola los familiares de los desparecidos, pero se cree que, al menos, seis podrían estar con vida, debido a que los perros de la Marina y los sensores térmicos han detectado calor y las baterías de los celulares no están totalmente destruidas.

Mientras tanto, la angustia más tangible del terremoto son un montón de madres bajo una lona de plástico, con la cabeza apoyada en las manos, mientras pasan las horas. El martes 19 de septiembre a las 13h14 de la tarde, el edificio se vino abajo desde sus cimientos cuando la tierra comenzó a moverse de lado a lado hasta que se desplomó y engulló a casi 70 personas, en el tiempo que tarda un semáforo en cambiar de color. Hasta ese día el edificio era un digno inmueble de seis alturas con despachos de abogados y contables. A un lado, una tienda de decoración y al otro, apartamentos residenciales. Durante las primeras 24 horas de movilización vecinal, los rescatistas voluntariosos lograron, con más esfuerzo que medios, sacar del edificio a 23 personas con vida.

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Para los que seguían bajo las piedras, comenzó entonces una carrera contrarreloj, con la esperanza de que estuvieran protegidos en un triángulo de vida: quedar resguardado por un soporte compuesto por una columna, un tabique no derrumbado o una mesa de material resistente como para aguantar el peso de los escombros cuando el techo se vino abajo tras el temblor. Los familiares de Javier Sandoval aseguraban haber recibido un mensaje suyo desde escombros. El hermano de Jesús Emmanuel, en cambio, tuvo menos suerte. Llegó desde Guanajuato y estuvo quitando piedras desesperadamente durante dos días hasta que alguien le informó de que el cuerpo de su hermano estaba en la morgue.

Los protocolos internacionales señalan que deben pasar 72 horas antes de abandonar la búsqueda y dar por muertas a las personas atrapadas en caso de sismo. Pero casos históricos como el terremoto de Michoacán, México, el 19 de septiembre de 1985 han demostrado que es posible encontrar supervivientes hasta siete días después del sismo. El pasado viernes 22 de septiembre de 2017, cuatro horas después de cumplirse el absurdo cronómetro, el padre de Noemí continuaba frente a la mole de hormigón y varillas, siguiendo en silencio el trabajo de los rescatistas israelíes. Al otro lado de la cinta amarilla había decenas de periodistas y toda la familia, indígena Mazahua, llegada de San Simón de la Laguna, Estado de México.

Noemí Manuel García, la joven a la que esperan, vivía desde hace unos meses en Ciudad de México. Tiene 21 años, estudia y trabaja por las tardes como oficinista. Había llegado al cuarto piso una hora antes del temblor. “Que hagan algo porque esto es desesperadamente lento. Queremos ayudar y no nos dejan”, dice angustiada su tía, después de tres días a la intemperie frente a la montaña de cascotes. “Estamos pasándolo mal aquí en la calle pero ¿cómo estará ella? ¿qué estará sintiendo?”, se pregunta. “Es en lo único que pienso”.

Una tragedia con centenares de víctimas no se debe singularizar en una sola persona, pero una de las muertes más angustiosas e injustas fue la de Erick Gaona, atrapado bajo los escombros del edificio de cuatro pisos sito en la calle Medellin número 176 esquina con San Luis, en la Colonia Roma. Se vino abajo 40 minutos después del temblor inicial a las 13h15 del martes 19 de septiembre de 2017. Durante dos noches, su familia se mantuvo frente a la mole de hormigón, gritándole a la montaña de escombros con un megáfono: “¡Resiste!, ¡aguanta!, ¡tú puedes, Erick!”.

“Salió y volvió a entrar. Le dijimos que no lo hiciera porque el estado del inmueble se veía feo, pero entró a recoger sus cosas”, recuerda el vendedor del puesto de prensa y golosinas que hay frente a lo que hasta el pasado 19 de septiembre de 2017 era un edificio de oficinas. Se acuerda de él perfectamente: robusto, grande, con barba, unos cuarenta años. Regresar al interior de un edificio casi derrumbado para recuperar algunos objetos valiosos fue la trampa que atrapó a Erick.

Apenas había pasado media hora del temblor y a las 13h50 la sensación en la calle San Luis Potosí era de que la pesadilla había terminado a pesar de que siempre se suceden réplicas con menor magnitud tras el sismo más demoledor. Muchos vecinos aprovecharon para entrar y revisar los daños, pero el edificio de Erick se venció completamente de un lado, sepultándolo dentro. Su familia buscó la lista de Locatel, fue a los hospitales de Xoco, Balbuena y la Cruz Roja de Polanco y en ninguno estaba su hermano. Tenía que estar ahí. Y ya no descansó.

Desde entonces su familia estuvo junto a los servicios de rescate con un megáfono desde el que le hablaba día y noche. “No nos vamos a mover hasta que salgas. Tu hija está bien, tus padres están bien… ten fe», gritaba a los cascotes su hermana. Durante dos noches, cada ladrido de los perros de rescate de la secretaría de Marina avivaba la esperanza de encontrar a Erick con vida entre los escombros. Hasta entonces, los brigadistas habían sacado de esos mismos escombros a tres personas vivas y tres muertas; ya solo quedaba él, de acuerdo con el recuento que habían hecho los vecinos, amigos y familiares.

La tarde del 19 de septiembre de 2017, en el portal de la calle Medellín número 176 había una vendedora de tortas que quedó aplastada por cuatro pisos junto a una niña. Ambas habían vuelto al changarro después del susto por el terremoto inicial. Solo habían pasado 40 minutos; hasta cierto punto razonable y legítimo que muchos quisieran regresar para recuperar pertenencias valiosas y comprobar que nadie se había quedado dentro. Una reacción tan natural como peligrosa, teniendo en cuenta que ha habido más de un centenar réplicas desde entonces y aún bajando la magnitud de VII a IV, una construcción que se resquebraja puede terminar por derrumbarse completamente en menos e una hora, por lo que muchas personas permanecieron en las calles.

Ininterrumpidamente durante 50 horas su hermana seguía: “Te amo, aquí está tu familia, no nos vamos a mover, resiste”, hablando en el megáfono pensando que lo escuchaba. Cerca del mediodía del jueves 21 de septiembre, Chichi, un pastor belga de aspecto famélico y entrenado en Saltillo, seguía rastreando entre los escombros. Husmeaba hasta que localizó un lugar y comenzó a arañar el cemento de forma frenética. Era la segunda vez que marcaba el mismo punto. Una vez ubicada la existencia de un cuerpo, el equipo israelí y los Topos de México se hundieron entre las piedras y salieron con Erick envuelto en una sábana. Entonces, en un gesto que ya es un símbolo, levantaron el puño para pedir un minuto de silencio. Los rescatistas explicaron al retirar su cuerpo envuelto en el sudario que probablemente falleció en el instante del derrumbe, con la caída de los primeros cristales y el techo que apenas se sostenía.

Su hermana se detuvo entonces ante las decenas de voluntarios que llevaban dos días dejándose la piel sobre los cascotes y tomó el simbólico megáfono para dirigirse a ellos: “Gracias a todos, gracias a quienes han ayudado en las tareas de rescate y a quienes han traído comida y víveres. Pido un aplauso para ellos…”, y se desvaneció entre la gente.

Un especialista en labores de salvamento, recién bajado de la montaña de escombros, dijo que logró ver trece cuerpos y que estaban todos en fila india. “Estaban bajando por la escalera durante el sismo”, explica. Repentinamente, a las seis de la tarde, en Álvaro Obregón, número 286 hay más agitación de lo normal. “Un ortopedista, motosierras, tambos (tonel de lámina)…” los equipos de rescate piden objetos inusuales, frente a una mayoría de trabajadores con picos, palas, cubetas. La ilusión prende en todos cuando un responsable de emergencias y protección civil llama a los familiares para explicarles los avances: «Colín, Sandoval…», vocea los apellidos. Finalmente los rescatistas han logrado terminar un túnel y parece que podrán acceder a la gente atrapada bajo el hormigón. Pero tardarán, advierten. Al caer la noche las familias siguen sin tener noticias y la esperanza se desvanece un poco más, con el paso del tiempo se debilitan las expectativas de encontrar con vida a los desaparecidos. Entre los escombros levantados se encuentran cada vez más cadáveres en estado de descomposición. Dos días después, el recuento de muertos de la Agencia de Protección Civil en todo el país llega a casi 300 fallecidos.

Imágenes y videos del terremoto en México central (1)

Desde que se produjo el temblor de tierra en México central el pasado 19 de septiembre de 2017, en las primeras horas de caos tras el seísmo, los ciudadanos se movilizaron en ayuda de los damnificados en Ciudad de México, con decenas de edificios colapsados, y los Estados mexicanos de Morelos y Puebla. La respuesta cívica, saliendo a las calles de manera ordenada a pesar de la tragedia, mostró que los ciudadanos tenían preparación para actuar antes de la llegada de las autoridades oficiales y los servicios de emergencia institucionales. No en vano se habían ensayado maniobras de evacuación y protocolos de salvamento apenas horas antes de las 13h14, conmemorando los 32 años del terremoto de Michoacán. Antes incluso de los cargamentos y donaciones en los centros de acopio, de la llegada de sanitarios de Cruz Roja mexicana, se movilizaron voluntarios para buscar supervivientes entre los escombros, equipados con sus propias herramientas: guantes, cascos de protección, linternas, palas, picos, gatos hidráulicos, cubetas, botellas de agua, vendas, medicamentos… lo que pudieron llevar aquellos cuya vivienda no se había derrumbado. Cadenas humanas sacando los escombros y facilitando herramientas para el rescate antes de la llegada de las ambulancias atendiendo a los que quedaron atrapados.

Entre varios voluntarios acordonaron las zonas de derrumbamientos, extendiendo cintas para cortar la circulación. Trepando por los escombros entre hormigón y ladrillos, desplazaron piedras, cargaron cubetas, moviéndose hacia donde se escucharan gritos o algún indicio de que había supervivientes sepultados. Ante posibles réplicas del terremoto, los mexicanos saben que es mejor evacuar lo antes posible y llevar sus pertenencias más importantes para proteger a los suyos, pero también solidarizarse con los demás.

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

Dos voluntarios sostienen a Omar Tinajero, el encargado de revisar que no hubiera nadie en el edificio entre las calles de la Morena y Enrique Rebsámen, con otros múltiples derrumbamientos en la colonia Narvarte. «Todo estaba al borde del colapso, gritaba para ver si quedaba alguien, pero no obtuve respuesta, teníamos que tomar el riesgo porque un reporte decía que había una mujer atrapada en el cuarto piso», describe Tinajero con una linterna atada a la cabeza después de entrar a los apartamentos, completamente ladeados y desparramados sobre una vivienda vecina. Los cristales están reventados, las escaleras hechas añicos, un hueco separa el suelo de los cimientos, el tendedero cuelga frente a la fachada. «Perdí mi casa, mi ropa, todos mis documentos, todo por lo que hemos trabajado, lo perdimos todo», lamenta Jessica, de 30 años, frente al que fue su domicilio durante tres años.

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

«La vida se nos fue con esto», cuenta la compañera de piso de Jessica, quien prefiere no dar su nombre. Ninguna de las dos estaba en casa al momento del derrumbe. Se enteraron por un grupo de Whatsapp que todo estaba arrasado y caminaron desde el trabajo para medir el alcance de los daños. La única buena noticia que les llegó es que se había rescatado a un perro atrapado en la azotea.

Unas calles más adelante, un edificio sobre el Viaducto Miguel Alemán, entre las vías de Monterrey y Medellín, ha colapsado. «Fue horrible, se desplomó por completo, se levantó una nube de polvo y se escuchó un estruendo espantoso», relata Viviana Ortiz, de 42 años, que vive frente al inmueble. «Nadie se movía de la impresión, nos paralizamos, a los tres minutos la gente se juntó para ayudar, había varias personas adentro, tenía al menos seis o siete pisos», continua. La magnitud de la tragedia es lo que pueden ver los ojos, lo que se respira en el ambiente. No hay internet, no hay luz, no hay señal en el teléfono.

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

Cuando se escuchan gritos de auxilio decenas de voluntarios acarrean garrafas de agua que derramar sobre los escombros para que el líquido se filtre entre las piedras o extienden mangueras al encontrar un hueco entre el amasijo de escombros. En los postes de iluminación y en folios en una mesa donde se juntan víveres y herramientas se comienza a escribir la lista de supervivientes encontrados y las personas desaparecidas que se buscan en la zona. Por la noche se convocan asambleas de vecinos del condominio para hacer guardia dado que ante la desesperación algunas personas intentaron entrar en edificios colapsados donde perdieron sus bienes o en otros casos por temor a los saqueos.

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

Y no hay un ADN ni nada biológico que lo explique, sino una cultura de civismo y solidaridad en México que se instauró en la memoria colectiva desde el 19 de septiembre de 1985. Un conjunto de prácticas con normas no escritas, pero cuyas reglas son tan determinantes para el pueblo mexicano como los protocolos de construcción de las infraestructuras y edificios, como la legislación en seguridad ciudadana.

«Es impresionante ver cómo la gente que no se conoce de nada se organiza, ayuda, trae lo que tien”, señala Mónica Zamora frente a un edificio derruido en la calle Puebla. Mónica y su hermano César Zamora se organizaron junto a un grupo de amigos y pasaron toda la noche repartiendo tortas y botellas de agua frente a los edificios colapsados. Después de La Roma, a las cuatro de la madrugada, se dirigieron a Tlalpan porque escucharon que había más necesidad.

Sobre la misma hora de la noche, Juan Santos y su hija, toman por fin un descanso en la Plaza Cibeles después de muchas horas repartiendo café y pan dulce a los equipos de salvamento. Cuando sus vecinos de San Mateo Tecoloapa, a una hora de distancia de Ciudad de México, supieron que venía a la capital comenzaron espontáneamente a llenar su coche de alimentos, refrescos, mantas, un cargamento de víveres y utensilios. “Ver a tanta gente movilizada es emocionante. Venimos desde el Estado de México porque siento que no se puede confiar en ninguna institución y tenemos que ayudarnos entre nosotros. Nos necesitamos todos”. Con los cárteles del narcotráfico sometiendo a las fuerzas estatales, la corrupción institucional rampante y tras varias legislaturas con presidentes del gobierno que siguen viviendo en su burbuja y los desastres que afectan a la población les pillan de costumbre cuando estaban fuera de viaje.

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

Voluntarios durante las tareas de rescate tras el terremoto en México central del 19 de septiembre de 2017

Silenciosa y taciturna pasa la noche Roberta Villegas, tras muchas horas sentada en una banqueta en una acera de la calle Álvaro Obregón esperando noticias. Su hijo trabajaba en el edificio que estaba frente a ella, que ha quedado reducido a un gigantesco acordeón. “Hay veces que tengo esperanza, luego decaigo, luego vuelvo a tenerla”. Su hijo César apenas llevaba unos meses trabajando como contable cuando a las 13h20 el suelo se movió bajo sus pies y el edificio de cinco pisos se vino abajo con él.

Los protocolos internacionales señalan que deben pasar 72 horas antes de abandonar la búsqueda o dar por muertos a las personas atrapadas tras un seísmo. Sin embargo, terremotos como el de Haití en 2010, en Chile en 2010 y 2015, o el más devastador de México en 1985 demostraron, que es posible encontrar supervivientes más de una semana después del sismo. Al menos en las primeras horas, en este terremoto en México central, igual que hace 32 años, la organización social superó a la organización oficial, el orden cívico frente al desorden institucional. Afortunadamente, de 10 000 muertos tras el sismo de Michoacán en 1985 a más de 300 muertos al sumar los fallecidos en los recientes seísmos del 7 y el 19 de septiembre de 2017, muchas cosas han cambiado: mejores protocolos de construcción, estaciones sismológicas de alerta, ensayos de evacuación y maniobras que se enseñan mediante simulacro desde las escuelas, más civismo y preparación entre los ciudadanos, mejor organización de cuerpos de protección civil, sanitarios, ayuda de Cruz Roja mexicana y cooperantes internacionales.

A escasos metros del Parque de México, en las puertas principales del centro comercial Sears, ubicado en la Avenida de Insurgentes y cerrado este miércoles 20 de septiembre, también se han improvisado dos centros de acopio, donde predominan las botellas aguas, las mantas y muchas cajas de cartón empaquetadas de manera casera con lo que los donantes decidieron que podrían ser útiles. Sentado en el suelo, el médico Flavio Domínguez cuenta que apenas llegó hace una hora, preguntó qué podía hacer y le pidieron clasificar los medicamentos que habían recibido. Gabriela Cruz, del Estado de México, es quien coordina esta base. Desde que empezaron a hacer acopio en esta puerta del centro comercial a las 14h00 del lunes, poco después del temblor, no se ha movido de allí y no piensa a hacerlo por ahora. “¿Qué necesitan?”, pregunta un vecino. “Faltan sobre todo cubrebocas, alcohol, agua oxigenada, cinta adhesiva, vendas y cuerdas”, enumera concienzudamente.

Los trabajos de rescate tras un terremoto en una de las zonas más pobladas de América -Ciudad de México alcanza los 10 millones de habitantes- están lleno de momentos colectivos heroicos: cuando entre todos los voluntarios de salvamento sacaron una señora viva de los escombros de la calle Medellín y la multitud comenzó a aplaudir y llorar emocionada. Cada vez que una ambulancia sale a toda velocidad con otra persona rescatada de los escombros vuelven a aplaudir. En los hospitales, algunos pacientes fueron trasladados por riesgo de colapso del edificio. La capacidad de supervivencia de los mexicanos, como esa mujer en la tercera edad que desafió la mole que estaba a punto de caer en la calle Jalapa y, durante los cien segundos que duró el terremoto, entró en la vecindad contigua y al grito de “¡salgan todos fuera ya!” y empujó a todos a salir rápidamente antes de que se viniera encima la construcción. Cuando salieron los vecinos los cristales caían como espadas sobre la acera, mientras ella se perdía en el caos y el olor a gas, cuya fuga hacía prohibitivo encender cualquier cerilla, mechero o ponerse a fumar. A las cinco de la mañana soldados y jóvenes trabajadores de protección civil dan el relevo a otros voluntarios y dejan la montaña de escombros con las máscaras sanitarias a la altura del cuello, las manos destrozadas y el rostro lleno de polvo. Roberta se emociona, cada vez que los salvadores levantan el puño y ordenan guardar silencio, porque escuchan una voz, que podría ser de su hijo. Un joven se acerca a ella para ofrecerle una silla y un poco de chocolate.

Terremoto con epicentro en Puebla, México

El 19 de septiembre de 2017, un nuevo seísmo ha sacudido los cimientos de México central a las 13h15 hora local, causando más de 225 muertos y cientos de heridos graves según las últimas estimaciones de la Agencia de Protección Civil y los servicios institucionales de emergencia, 94 en Ciudad de México, entre las víctimas del Colegio Enrique Rebsamen están 32 niños y cinco adultos, según declaraciones del subsecretario de Educación Básica, Javier Treviño, confirmando por la tarde la muerte de 21 niños y 1 adulto, aunque hay 4 adultos y 11 niños rescatados en las ruinas de la escuela; se contabilizan 71 muertos en Morelos, 43 en Puebla, 12 en el Estado de México, cuatro en Guerrero y una persona fallecida en Oaxaca; y el derrumbamiento de decenas de edificios en Ciudad de México. USGS National Earthquake Information Center de Estados Unidos y el Servicio Sismológico Nacional de México han estimado en 7,1 la magnitud de este seísmo, cuyo epicentro a 51 km de profundidad en las coordenadas 18.584° Norte 98.399° Oeste, está localizado en el Estado mexicano de Puebla, a 4,5 km al noreste de San Juan Raboso, a 7,2 km al sureste de Izúcar de Matamoros, Puebla, y a 12 km al sureste de Axochiapan, Morelos. El volcán Popocatépetl, en Puebla, ha entrado en erupción tras el terremoto.

Terremoto del 19 de septiembre de 2017, epicentro en Izúcar de Matamoros, Puebla, México
Mapa en USGS National Earthquake Information Center del terremoto del 19 de septiembre de 2017, epicentro -señalado con la estrella- en Izúcar de Matamoros, Puebla, México. En rojo están los municipios más dañados por el seísmo, en amarillo las zonas con daños moderados y en verde con daños leves.

El martes 19 de septiembre se cumplieron 32 años del terremoto de 1985 en Michoacán, de magnitud 8, cuyo epicentro estaba localizado a unos 450 km al oeste de Izúcar de Matamoros, Puebla, el seísmo más demoledor de la historia de México, que dejó cerca de 10.000 muertos y cuyo impacto en la memoria colectiva generó en la sociedad mexicana una cultura del orden cívico y la solidaridad frente al desorden institucional y la criminalidad -donde desde otros países solo saben del narcotráfico como objeto de entretenimiento glorificado en teleseries-, por lo que se conmemoraba justamente por la mañana en Ciudad de México y otras localidades con maniobras de evacuación y protocolos de salvamento que se ensayan en simulacros de alerta, apenas horas antes del seísmo en Puebla. Septiembre de 2017 se convierte en un mes trágico para la historia pues apenas hace 12 días del temblor con epicentro donde el Océano Pacífico entra en el golfo de Tehuantepec a más de 75 km de la costa de Chiapas, que sacudió los municipios del istmo de Tehuantepec, entre la noche del 7 de septiembre y la madrugada del 8 de septiembre de 2017, causando casi un centenar de muertos y donde todavía se realizaban trabajos de rescate entre los escombros y se preparaban las labores de reconstrucción en las infraestructuras destruidas.

El terremoto de este martes 19 de septiembre, con epicentro entre los Estados mexicanos de Morelos y Puebla, tuvo una intensidad algo menor, 7,1 de magnitud en la escala Richter, y fue también por mecanismo de falla normal intraplaca en la subducción de la placa tectónica de Cocos bajo la placa Norteamericana, sin embargo, tuvo 51 km de profundidad y sucedió en plena zona continental de México central con epicentro a 120 km de Ciudad de México, por lo que su proximidad a las zonas más pobladas ha provocado que los daños sean mucho mayores, con más del doble de víctimas. A pesar de que las alertas enviadas desde las estaciones sismológicas pueden dar entre 30 a 80 segundos para evacuar edificios, no fue suficiente para salvar a muchas personas que quedaron atrapadas dentro de algunas construcciones que se desplomaron, precisamente por la proximidad del epicentro respecto a Ciudad de México, con unos 45 edificios demolidos y daños en decenas de otras construcciones e inmuebles.

Entre el caos por los derrumbamientos de decenas de edificios, al menos 45 en Ciudad de México, y cortes de suministro eléctrico en Ciudad de México -donde la Comisión Federal de Electricidad (CFE) informó que 3,8 millones de clientes carecen de suministro de energía eléctrica-, los autobuses públicos han seguido cumpliendo sus rutas para transportar a los ciudadanos gratis mientras no hay servicio de Metro en las líneas 8, 12, 4 y 5. Debido a las fugas de gas en las proximidades de edificios dañados está prohibido fumar, encender cerillas o mecheros por riesgo de explosión.

El terremoto del 19 de septiembre de 2017, con magnitud 7.1 en México Central, ocurrió como resultado de fallas normales a una profundidad de aproximadamente 50 km. Los instrumentos de mecanismos focales indican que el terremoto ocurrió en una falla moderadamente inmersa, generando un choque bien al sureste, o al noroeste. El epicentro estuvo localizado en la proximidad a la línea divisoria pero no directamente sobre el límite entre las placas de Cocos y Norteamérica en la región. En la ubicación de este seísmo, la placa de Cocos converge con América del Norte a una velocidad de aproximadamente 76 mm al año, en dirección noreste. La placa de Cocos comienza su subducción bajo Centroamérica en la Fosa de América Central, a unos 300 km al suroeste de este terremoto. La localización, la profundidad y el mecanismo de falla normal de este terremoto indican que es probable que fuera un evento intraplaca, (rumbo=112, echado=46, desplazamiento=-93) dentro de la losa de Cocos subductiva, en lugar de ocurrir en la interfaz de borde de la placa de empuje más superficial. Los terremotos de este tipo se describen más apropiadamente como deslizamiento terrestre sobre un área de falla más grande. Los eventos de falla normal con la magnitud del terremoto del 19 de septiembre de 2017 son típicamente alrededor de 50×20 km (longitud x anchura).

Terremoto del 19 de septiembre de 2017, epicentro en Izúcar de Matamoros, Puebla, México
Mapa de ondas sísmicas en USGS National Earthquake Information Center del terremoto del 19 de septiembre de 2017, epicentro -señalado con la estrella- en Izúcar de Matamoros, Puebla, México.

El Servicio Sismológico Nacional de México publicó un informe en PDF sobre el seísmo del 19 de septiembre de 2017, epicentro entre Morelos y Puebla, México y unas conferencias en video desde la Universidad Autónoma de México.

Noticias y recursos sobre el terremoto del 19 de septiembre de 2017 en Puebla, México central

Terremoto del 19 de septiembre de 2017, epicentro en Izúcar de Matamoros, Puebla, México. Mapas interactivos y estadísticas del USGS National Earthquake Information Center.

Cruz Roja Mexicana en Twitter. Ambulancias, paramédicos, servicios de rescate y centros de acopio están siendo desplegados para ayudar en Ciudad de México, Morelos y Puebla.

Gobierno Federal de México, canal de Twitter con últimas noticias de la emergencia por el terremoto del 19 de septiembre de 2017 en México Central.

Gobierno del Estado mexicano de Morelos, canal de Twitter con últimas noticias de la emergencia por el terremoto del 19 de septiembre de 2017 en México Central.

Gobierno del Estado mexicano de Puebla, canal de Twitter con últimas noticias de la emergencia por el terremoto del 19 de septiembre de 2017 en México Central.

México, canal de Twitter con últimas noticias de la emergencia por el terremoto del 19 de septiembre de 2017 y formas de ayudar a los municipios damnificados del seísmo, en los Estados mexicanos de Morelos, Puebla y Ciudad de México, mediante cuentas de donativos. En Ciudad de México se han abierto centros de acopio para recibir donativos en alimentos, agua embotellada, productos para bebés, medicamentos. Los militares de la Marina de México desplegaron binomios canófilos en las labores de rescate para rastrear a las personas bajo los escombros.

Donaciones a través de Google y Network for Good.

– Hay un repositorio creado en Google Person Finder con el nombre «Puebla Mexico Earthquake» para buscar a personas desaparecidas durante el terremoto del 19 de septiembre de 2017 en México central. Actualmente se busca a 22 000 personas para confirmar si están a salvo o entre los damnificados. Todos los datos ingresados están disponibles para uso de los usuarios. Google no revisa o verifica la veracidad de los datos introducidos por los internautas en los repositorios.

Facebook Safety Check se activó el 19 de septiembre de 2017 por el terremoto entre Morelos y Puebla, México. La función «verificación de seguridad» permite a los usuarios de Facebook notificar que están en peligro, a salvo dentro de alguna de las áreas afectadas o fuera de riesgo al encontrarse lejos del área afectada por la catástrofe, a través de un botón en la red social. Los usuarios en la zona cercana a la emergencia, en este caso el terremoto entre Morelos y Puebla, México, podrán avisar que están seguros y ver quiénes de sus contactos han reportado que están también a salvo.

Millones de personas tienen cuenta en Facebook, por lo que es preferible responder a la verificación de seguridad al conectarse, sobre todo si tienes familiares y amigos en México, dado que el silencio puede interpretarse como que la persona está desaparecida.

People Locator tiene una página dedicada a buscar personas o mascotas desaparecidas durante el terremoto, pero no está tan desarrollada como las comunicaciones en redes sociales ni lamentablemente está actualizado ni organizado como Google Person Finder o Facebook Security Check.

Happiness: the Tribute 21 Plate Challenge, platos solidarios de diseño

Hace poco se conocieron los finalistas y ganadores del concurso de diseño realizado por la red Design21, en relación con the Tribute 21 Plate Challenge basado en diseños con objetivo solidario. El tema del concurso de diseño era crear un mensaje, deseo o una inspiración para los niños desfavorecidos, tal y como aparece en las bases, expresar lo que significa para nosotros el concepto de «alegria en armonia con nuestros semejantes.»

Tribute 21 es una colección de platos de diseño para la compañia japonesa Felissimo. Cada año, Felissimo produce platos originales diseñados por diferentes personas, cada plato lleva un símbolo o mensaje de esperanza. Los diseños seleccionados tenian que ser para platos con un diametro de 21 cm.

Esta iniciativa comenzó en el año 1996 y el 50% de los fondos recaudados en ventas se dona a UNESCO/Tribute 21 DREAM Centers y el restante 50% se divide entre asociaciones caritativas sin ánimo de lucro que son seleccionadas por los participantes. Según la web de Design21, desde los inicios de los 21 Plate series ya se han logrado donar 450,000 dólares a UNESCO/Tribute 21 DREAM Center.

UNESCO/Tribute 21 DREAM Centers son programas creados para niños desfavorecidos que buscan dar educación y motivación a niños en campos como la danza, las artes plásticas o la música. Este proyecto busca estimular la creatividad de niños en lugares de conflicto como Kabul, Afganistan; Phnom Penh, Camboya; Port-au-Prince, Haiti, Monrovia, Liberia, y Jerusalem.

Los finalistas de este año fueron:

21 Plate Challenge
Happy Harmony

21 Plate Challenge
How to be happy without

21 Plate Challenge
The Blooming Happiness

21 Plate Challenge
True Love

21 Plate Challenge
Water Cycle

21 Plate Challenge
Happy Forest

21 Plate Challenge
A public Bath

21 Plate Challenge
Soap Bubbles

Me entero gracias a Jenny de Málaga.

¿Fraude del Teletón?

He leído muchos artículos donde critican a los medios mexicanos tradicionales como si fueran empresas dedicadas a vender y/o presentar basura, el último que leí fue donde se critica al Teletón como un medio para enriquecer a Televisa y a Banamex, comentando que solamente es un fraude y porquería.

Otras críticas dirigidas contra Televisa se enfocan en la deducción de impuestos o las exenciones para quienes donen dinero o aporten una cuota económica a ONG, cosa que existe en muchos países no solamente en México o Chile, respecto a la declaración a Hacienda sobre los ingresos de las personas físicas, pero en el caso de Televisa, productora audiovisual del programa de televisión, se critica que como persona jurídica, la empresa también quede exenta de obligaciones fiscales en su declaración a Hacienda por los presupuestos millonarios que administra de las recaudaciones.

Quisiera saber entonces, qué es lo que quieren ver en los medios de comunicación mexicanos, acaso tener todo el día el Canal del Congreso, creo que los medios son para sacarle provecho de cualquier manera, simplemente creo que a veces se exagera en tener esos comentarios porque no tienen otra cosa que decir.

Y también sería bueno contemplar la postura de aquellos a los que simplemente les va y les viene lo que suceda con una empresa u otra, tratando de obstaculizar con comentarios mediocres el incremento de su nivel socioeconómico, y si este artículo es rechazado, no me importa; pero veo absurda esa cadenita donde se unen para «no apoyar el fraude del Teletón», entonces supongo que estas personas apoyan diariamente a los desamparados que llegan a necesitar alguna atención para no estar excluidos de la sociedad, o mejor se lo pongo más simple, lo lógico es que le den algunas monedas a personas indigentes, mendigos que andan por las calles sin tener ni para comer ni vestir, ¿eso hacen? Lo dudo. Y señores que se dedican a criticar, los edificios del Teletón ahí están, sin que se haya demostrado hasta la fecha malversación de fondos y no hay dinero perdido o despilfarrado. Todo lo empresarial es criticado y todo éxito es puesto bajo sospecha, cualquier organización de obra social es investigada si no la administran monjas desde las iglesias, o burócratas y funcionarios desde las administraciones estatales, sino empresarios.

Televisa, como cualquier productora privada de televisión frente a las cadenas estatales, tendrá que mantener a sus empleados y asumir la masa salarial, obligaciones tributarias y protección social con las cotizaciones a la seguridad social, es razonable que el empresario, presentador de televisión, animadores, cámaras, en definitiva toda la plantilla se repartan beneficio siguiendo la jerarquía empresarial. Mientras la recaudación vaya a fines sociales en su totalidad, la publicidad de marcas y patrocinadores es necesaria para mantener la actividad de la empresa y el programa de televisión, ¿cómo iban a financiarlo entonces? Claro que se reparten beneficios como en toda empresa.

¿A qué se deben esos comentarios?

También está disponible información sobre el Teletón en Chile, entidad pionera allá que después se extendió a otros países, Teletón es una obra social para ayudar a los niños con discapacidad, no sólo por trabajar en su rehabilitación, sino por haber producido un cambio cultural en pro de la dignidad de las personas con discapacidad y de sus derechos. Respecto a la expresión «capacidades diferentes» como eufemismo o sentimentalismo, para no decir «discapacitados», «minusválidos», en lengua inglesa existe «physically challenged» frente a «disabled», no hay tanta diferencia, manteniendo el enfoque sobre el enorme esfuerzo que necesitará una persona con una discapacidad para poder integrarse en sociedad, labrarse su espacio y desarrollo frente a alguien sin ninguna disfunción, necesidad especial o problema de salud.

La Teletón, desde su primera edición en 1978, logró unir a todos los medios de comunicación en torno a este evento, especialmente a la TV que lo transmite desde su nacimiento en cadena nacional. Chile se unió en torno a la solidaridad y desde entonces, Teletón se convirtió en una verdadera fiesta nacional. México y Brasil también cuentan con su propia Teletón y forman parte de la Organización Internacional de Teletones (ORITEL).

En muchos países -no solamente hispanohablantes- se hacen recaudaciones benéficas en televisión o galas con personalidades mediáticas de la farándula como reclamo para que la gente quiera dar algo de dinero en alguna causa solidaria, sobre todo de investigación médica de enfermedades raras -que padecen menos de 1 persona entre 10000 habitantes y por ello no está cubierto por la sanidad pública o los seguros médicos de cobertura estatal sino que se financia su investigación por fundaciones de empresas- o para ONG de cooperación internacional. Nadie critica tanto como en México si el dinero recaudado va íntegramente a fines solidarios y no hay trabas burocráticas para el funcionamiento del Teletón. A diferente conclusión habría que llegar si los ciudadanos fueran caritativos solamente participando en apuestas, juegos de lotería o celebrando corridas de toros y otros espectáculos lamentables como medio para recaudar donaciones de dinero. Sin la visibilidad mediática de programas de televisión para mover conciencias, o sin publicidad, tampoco hay captación de fondos desde las ONG o las fundaciones privadas.

Un buen mexicano ilegal

Juan Manuel Cordero es un hombre de 26 años, originario de Magdalena de Kino, Sonora; su hazaña fue ayudar a un niño que habia sufrido un accidente en Phoenix, Arizona; lamentablemente en el accidente la madre fallecio, por lo tanto Juan Manuel Cordero sólo tenia dos opciones, ayudar al pequeño ó seguir su camino; como buen mexicano prefirio ayudar al pequeño hasta que las autoridades llegaran.

En el momento que estuvieron juntos, Cordero le dio de beber al niño y lo tranquilizo, ahora sólo espera la deportación a nuestro país; sé que como mexicanos no hay nadie más aún estando en algún problema de caracter legal.