Destello final de la misión aeroespacial Cassini-Huygens

Tras más de una década explorando Saturno, sus anillos y satélites naturales o lunas, la misión Cassini-Huygens realizó su último servicio antes de desintegrarse en la atmósfera gaseosa de Saturno, como Crono cuando devora a sus hijos. El heroico final, como el deinos en el antiguo drama musical griego que se autodestruye al término de la obra, sacrificándose tras su acción civilizadora, se preparó desde NASA Jet Propulsion Laboratory para el viernes 15 de septiembre de 2017, tras varias prórrogas en la misión desde el año 2008 durante el equinoccio de Saturno, cuando ya se iba agotando la energía propulsora, pero evitando que la destrucción del orbitador Cassini pudiera causar daños en las lunas de Saturno donde pueda haber microorganismos vivos, dado los elementos radioactivos del generador termoeléctrico de radioisótopos que actuaba como batería del orbitador. La misión internacional Cassini-Huygens ha terminado tras 13 años de exploración alrededor del planeta Saturno, descendiendo en su atmósfera a una velocidad de 35 km/s y con una inclinación de 15 grados, desintegrándose en las capas superiores a toda mecha. La pérdida de contacto tuvo lugar a las 11:55 UTC, según ha confirmado la NASA al recibir la última comunicación en la antena de Camberra, Australia, que captaba las señales de onda desde el espacio exterior.

misión Cassini-Huygens en Saturno
Ilustración de la nave Cassini de la NASA sobre el hemisferio norte de Saturno, dirigiéndose hacia su primera inmersión entre el planeta y sus anillos en abril de 2017.

«Este es el capítulo final de una misión asombrosa, pero también es un nuevo comienzo», declaró Thomas Zurbuchen, administrador asociado de la Dirección de Misión Científica de la NASA. «La detección por parte de la misión Cassini-Huygens de océanos y lagos subterráneos en Titán y Encélado cambió todo, dirigiendo nuestra mirada a lugares sorprendentes donde buscar vida potencial más allá de la Tierra».

Cassini-Huygens NASA Jet Propulsion LaboratoryEarl Maize, director del programa Cassini de la NASA en el Jet Propulsion Laboratory, y Julie Webster, gerente de operaciones de la misión Cassini-Huygens, junto a todo el equipo de la agencia aeroespacial estadounidense que trabajó en la última fase de la investigación y la inmersión final del orbitador en la atmósfera de Saturno donde se inmoló evitando dejar radiaciones sobre la superficie de las lunas. Fuente: NASA / Joel Kowsky.

Cassini-Huygens fue un programa internacional fruto de la cooperación entre la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos), la ESA (Agencia Aeroespacial Europea) y la ASI (Agencia Aeroespacial Italiana), junto con investigadores, académicos e industriales de 19 países. La dirección de la última parte de la misión ha estado guiada por la agencia aeroespacial estadounidense, quien más presupuesto económico y recursos había puesto. El orbitador Cassini fue construido por la NASA / Jet Propulsion Laboratory, la sonda Huygens fue fabricada por la Agencia Espacial Europea (ESA), mientras que la Agencia Espacial Italiana se encargó de proporcionar la antena de comunicación de alta ganancia. El coste total de la misión Cassini-Huygens fue de 3260 millones de dólares, de los cuales Estados Unidos aportó 2600 millones, la Agencia Espacial Europea 500 millones y la Agencia Espacial Italiana 160 millones.

Entre abril y septiembre de 2017, cuando ya se estaba agotando la energía del generador termoeléctrico de radioisótopos y estaba planificada la terminación de la misión, el orbitador tuvo tiempo para seguir realizando vuelos de pasada e inmersiones semanales a través del espacio de 2.000 km que separa Saturno de sus anillos, aprovechando el final de la vida útil del artefacto para seguir estudiando Saturno lo más cerca posible. Ocho de los instrumentos del orbitador Cassini (CDA, analizador de polvo cósmico, CIRS, espectrómetro de luz infraroja, INMS, espectrómetro de masa neutral e iónica, MAG, magnetómetro dual, MIMI, instrumento de imagen magnetosférico, RPWS, instrumento de ondas de radio y plasma, RSS, subsistema radiotelescópico, UVIS, espectrógrafo ultravioleta) han recopilado datos durante la inmersión final en Saturno, transmitiéndolos a la Tierra con poco desfase temporal. Las señales de radio tardan unos 83 minutos en atravesar los 1.400 millones de kilómetros que separan el planeta Tierra de Saturno. Justo antes de la inmersión abrasiva que desintegró el orbitador, estos instrumentos dedicados a la medición del campo electromagnético, el plasma, el gas y las partículas de los anillos han estado operativos porque este final ofrece, según Nicolas Altobelli, científico de proyecto de la Agencia Aeroespacial Europea en la misión Cassini-Huygens, “una oportunidad única para medir con detalle los campos magnético y gravitatorio de Saturno, lo que ayudará a entender mejor su estructura interna”.

Aún con todos los hallazgos entregados desde que la aeronave no tripulada llegara a Saturno en el año 2004 y comenzara a rastrear Titán mediante la sonda Huygens, quedan todavía incógnitas que resolver. Todavía no se ha determinado el grado de inclinación del campo magnético de Saturno con el eje de rotación del planeta, ni se ha aclarado la datación de Saturno, sus anillos y los satélites o lunas. El orbitador Cassini tomó mediciones de las partículas y la masa en los anillos para determinar si su formación es cronológicamente posterior al planeta.

misión Cassini-Huygens en Saturno
Ilustración de la nave Cassini de la NASA adentrándose el 15 de septiembre de 2017 en la atmósfera de Saturno. Fuente: NASA / JPL-Caltech.

“Cassini revolucionó nuestros conocimientos sobre Saturno en el momento en que llegó al planeta y ha continuado haciéndolo durante 13 años, hasta su último día”, aseguró Álvaro Giménez, director de ciencia de la Agencia Aeroespacial Europea.

“La misión nos ha inspirado con sus prodigiosas imágenes, incluyendo la lección de humildad que nos dan las vistas a lo largo de más de mil millones de kilómetros de distancia hasta el minúsculo punto azul que constituye nuestro planeta”, comenta Altobelli, alabando «este viaje pionero, que nos deja un rico legado de ciencia e ingeniería».

La aeronave no tripulada llevaba 12 instrumentos científicos en el orbitador Cassini y 6 instrumentos en la sonda Huygens, principalmente espectrómetros de mapeo por luz infrarroja y ultravioleta, sistemas de imagen, radio, instrumentos de medición de masa, estructura atmosférica, composición de partículas cósmicas e imagen magnetosférica, con los que investigadores de varios países en la misión aeroespacial Cassini-Huygens han logrado acumular imágenes, mediciones atmosféricas y nuevos cálculos de su campo magnético y gravitacional, como del periodo de rotación del planeta Saturno, las órbitas de sus satélites y hallazgos determinantes al mapear la superficie de Titán y la posibilidad de encontrar agua líquida en la luna Encélado.

Lanzada el 15 de octubre de 1997 desde Cabo Cañaveral al noreste de Florida, Estados Unidos, la aeronave Cassini-Huygens llegó a la órbita de Saturno el 30 de junio de 2004, separando la sonda que aterrizó en Titán el 14 de enero de 2005, convirtiéndose en la primera aeronave en aterrizar sobre un cuerpo celeste del sistema solar exterior. En Titán se analizó la presencia de gas metano y temperaturas gélidas de unos -180 grados Celsius. En Encélado se detectaron aguas subterráneas de extensión oceánica bajo la superficie helada y en su polo sur hay actividad volcánica con géiseres que expulsan chorros hacia la bruma.

La denominada Grand Finale supuso la última prórroga de la misión Cassini-Huygens para hacerla coincidir con el solsticio en Saturno, antes de decidir su final, valorando distintas opciones. Se descartó estrellar el orbitador en una trayectoria a través del plano ecuatorial del planeta, para evitar la colisión con las partículas de los anillos. Tampoco era viable estrellar el orbitador contra alguno de sus satélites naturales, como las lunas Titán y Encélado, dado que la propulsión que llevaba era energía nuclear, mediante generadores termoeléctricos de radioisótopos, que dejarían contaminación por residuos nucleares en la superficie donde podría haber microorganismos vivos por haber encontrado agua. Tras descartar dejar el artefacto aeronáutico en órbita estacionaria o hacerla salir de órbita para que se perdiera en el espacio exterior, se tomó la decisión de inmolarlo entre la atmósfera de Saturno y el anillo D, a través del espacio de 3800 kilómetros, precipitándose en su atmósfera el día 15 de septiembre de 2017 a las 11:55 UTC.

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