Así llegó Donald Trump a la Casa Blanca (II)

Allan Lichtman, profesor de Historia de la American University, en Washington D.C., y autor de Predicting the Next President: The Keys to the White House, utiliza un método para vaticinar quién va a ocupar el Despacho Oval que se ha demostrado infalible en los últimos 32 años. Su fórmula consiste en responder verdadero o falso para trece enunciados sobre el gobierno en ejercicio, 13 Keys to the White House, de modo que si seis de las afirmaciones no se corresponden con la realidad -son consideradas falsas- el partido que ocupa la presidencia perderá el poder.

El método de Allan Lichtman se basa en la premisa de que las elecciones son, ante todo, un examen del partido gobernante, es decir, no es el candidato de la oposición quien gana generando grandes expectativas, sino el antecesor quien ha hecho las cosas mal. Para llegar a esa conclusión estudió todas las elecciones desde 1860, cuando Abraham Lincoln accedió a la presidencia, hasta 1981, año en que Ronald Reagan se impuso a Jimmy Carter.

“He told me was seeking contributions to the Jimmy Carter Library. I asked how much he had in mind. And he said, ” Donald, I would be very appreciative if you contributed five million dollars.”I was dumbfounded. I didn’t even answer him.But that experience also taught me something.Until then, I’d never understood how Jimmy Carter became president. The answer is that as poorly qualified he was for the job, Jimmy Carter had the nerve, the guts, the balls, to ask for something extraordinary. That ability above all helped him get elected president.”

Donald J. Trump, Trump: The Art of the Deal

En cualquier caso, confesaba que el resultado de las elecciones de 2016 era el más difícil de predecir desde 1984. Lichtman acertó al anticipar la victoria de Trump dado que para las elecciones presidenciales de 2016 no se cumplían estas seis aseveraciones de las trece cuestiones clave, que se corresponden con las preguntas 1, 3, 4, 7, 11 y 12:

–Tras las elecciones a las cámaras legislativas: Congreso (House of Representatives) y Senado (Senate) de Estados Unidos, que se celebran a mitad de mandato presidencial, el partido político que gobierna cuenta con más representantes parlamentarios que antes de las elecciones presidenciales (Los republicanos han obtenido mayoría en ambas cámaras legislativas).

En un sistema electoral presidencialista como Estados Unidos, el presidente del gobierno es elegido a mitad de legislatura en unas elecciones a la presidencia del gobierno separadas en ciclos de 2 años de las elecciones a las cortes generales, por lo que su partido político puede tener mayoría en las cámaras legislativas o no tenerla en alguna de las dos mitades que dura el mandato de 4 años. Dada la especial trascendencia de la separación de poderes en Estados Unidos y el liberalismo constitucional de origen británico en el imperio de la ley, rule of law, government of law, de la inmemorial Common Law anglosajona, el presidencialismo trata de evitar la acumulación de poder sin contrapesos.

A diferencia de países del Derecho europeo continental romano germánico y napoleónico con sistema electoral parlamentarista donde el presidente del gobierno, salvo coalición entre partidos políticos o candidatura independiente, es el presidente del partido político que tenga mayoría en las elecciones a las cortes generales, quien más escaños o representantes parlamentarios tenga en el congreso de los diputados, por lo que el poder ejecutivo y legislativo no tienen apenas separación cuando el partido político del presidente del gobierno tiene mayoría absoluta asegurada durante toda la legislatura, sin tener que contar con la oposición ni pactar con otros partidos del congreso. En el parlamentarismo no se celebra elección a la presidencia de forma separada, cada legislatura mantiene al presidente del gobierno tal como se eligieron a los representantes de las cámaras legislativas, salvo moción de censura.

USA House of Representatives and Senate 2016

Fuente: El País: USA 2016

–El candidato del partido en el poder es el presidente en funciones (Barack Obama).

–El candidato del partido en el poder es una persona carismática o un héroe nacional (Hillary Clinton no es Franklin Roosevelt y estaba investigada por el FBI por corrupción y financiación ilegal).

–No hay un tercer partido o una campaña independiente que sea relevante (algunos sondeos aseguraban que el libertario Gary Johnson tendría un 10% de apoyo pero llegó a 3%)

Merece estudiar la trayectoria de Gary Johnson como empresario, gobernador de Nuevo México, candidato republicano en las primarias de 2012, sin embargo Mitt Romney fue elegido como candidato republicano a las elecciones presidenciales en la segunda legislatura de Barack Obama por lo que posteriormente Gary Johnson se hizo líder del partido libertario, control del déficit estatal, reducción de gasto público en funcionarios, bajos impuestos, descriminalización de las drogas y ayudas sociales de salud a los drogodependientes, antibelicista contrario a las intervenciones militares de Estados Unidos en países árabes, partidario del “minimal State” o “Night-watchman state“, una organización política basada en el libro de teoría política publicado por Robert Nozick: Anarquía, Estado, y Utopía del año 1974, donde el gobierno y los representantes parlamentarios se limitan a cumplir con la legalidad, respetar las libertades fundamentales de la Carta Magna, la propiedad privada y dejar a los ciudadanos elegir el estilo de vida que quieran sin pretender hacerlos felices con despilfarros del dinero de los contribuyentes.

–El gobierno actual ha puesto en marcha grandes cambios en política nacional (El legado de Obama es una deuda pública por encima del PIB, reformas incompletas en materia de sanidad y de seguridad interior, trasladando meramente algunos presos de Guantánamo sin cumplir la promesa de cerrar la prisión, entre las muchas promesas incumplidas).

–El gobierno actual ha tenido un gran éxito en materia de política exterior o de defensa (En el primer mandato de Obama fue clave la guerra contra el terrorismo en Afganistán que culminó en la persecución de Bin Laden en Pakistán, siguiendo la misma política militar de Bush Jr, pero en el segundo mandato no hubo ningún éxito de política internacional y diplomacia a excepción del acuerdo nuclear con Irán, sino agotamiento y debilidad frente a Reino Unido, Rusia, Siria, China o Filipinas).

En una serie de entrevistas con The Washington Post realizadas antes de celebrarse las elecciones, el profesor Lichtman señalaba que Obama no ha emprendido en su segundo mandato ninguna gran iniciativa, como el Affordable Care Act que impulsó en su primera legislatura. Ni siquiera las feministas consideran a Hillary Cliton una heroína nacional pese a las humillaciones que padeció por culpa de su marido, el expresidente Bill Clinton, en el caso Lewinsky. Se estima que más de un 50% de las mujeres estadounidenses blancas votaron por Trump, a sabiendas de todas las declaraciones polémicas contra la mujer y las fanfarronadas de su vida de mujeriego conquistador. Misógino empedernido y galán socarrón, se airearon antiguas entrevistas de Trump en la revista Playboy donde soltaba tópicos misóginos sobre mujeres famosas en la crónica social de la época.

Tampoco quedó desacreditado porque sacaran trapos sucios como el video del año 2005 donde Donald Trump se prepara para el show “Days of Our Lives” junto a la actriz Arianne Zucker, acompañado en el set por el presentador de “Access Hollywood” Billy Bush y se pone a fanfarronear que cuando un hombre como él es una celebridad las mujeres se dejan hacer cualquier cosa. Trump se disculpó arrepintiéndose de dichas palabras, mencionando que sacar un vídeo de más de una década de antigüedad sólo pretendía servir a los demócratas como maniobra de distracción, una cortina de humo como manipulación mediática, para detener su momentum en la intención de voto. El libertario Larry Flynt ofreció una recompensa millonaria para quien ofreciera grabaciones de vídeo con escándalos del mujeriego Donald Trump.

Hillary echó la culpa de su derrota a la investigación de James Comey, director del FBI, en relación a los correos electrónicos confidenciales que imprudentemente Clinton envió desde un servidor privado cuando era secretaria de Estado y cuyas filtraciones según la candidata estaban relacionadas con un ataque informático desde Rusia para favorecer a Trump. Lo que se ha descubierto en cambio es que Hillary se negó a usar una cuenta dentro de un servidor estatal que evitaba la eliminación de emails, empleando el matrimonio Clinton servidores con un dominio personal por donde circulaban miles de emails diarios, relacionados con sus intereses privados, la fundación Clinton y cobros de Goldman Sachs por conferencias infladas con precios totalmente fuera de mercado que no son otra cosa que sobornos para untar a políticos candidatos a gobernar mediante otra vuelta de tuerca a los clásicos donativos para financiar campañas electorales.

“Grandes negocios, grupos mediáticos y grandes donantes se están alineando tras la campaña de mi oponente porque saben que Hillary Clinton va a mantener nuestro corrupto sistema. La están cubriendo de dinero porque tienen control total de absolutamente cada cosa que ella hace. Ella es su marioneta y ellos mueven los hilos”.

Luego nadie se extraña de la impopularidad de Hillary y la desconfianza de los ciudadanos hacia su familia, que finalmente fue exonerada de responsabilidades.

Media Gov Clinton

Lichtman realizó una predicción complementaria a la victoria presidencial: Trump será objeto de un impeachment, equivalente en el Derecho anglosajón de la moción de censura, como ya ocurriera con los expresidentes Johnson, Nixon, y Clinton. Por la Constitución de Estados Unidos los altos cargos públicos pueden ser procesados por mandato de la Cámara de Representantes a causa de delitos graves, al igual que en el modelo británico, una vez que el Congreso abre el proceso, es el Senado quien se encarga de llevar a cabo el juicio político a modo de comisión investigadora, aunque si el partido político del presidente del gobierno tiene mayoría en ambas cámaras legislativas o al menos dos tercios del senado vota en contra, el presidente continuará su mandato.

Para condenar al presidente acusado en un impeachment o moción de censura, destituyendo e inhabilitando para desempeñar funciones públicas al gobernante, son necesarias las dos terceras partes de los votos de los senadores. Aunque los republicanos tienen mayoría en ambas cámaras legislativas y dadas las críticas de otros líderes del partido durante las primarias, no les costaría mucho inhabilitar a Trump en caso de hartarse de él, si se diera el caso sería el primer presidente destituido en toda la historia de los Estados Unidos, pero su cargo lo tomaría el vicepresidente Mike Pence, alguien más predecible pero no menos peligroso.

¿Qué ideología política tiene Donald Trump?

Donald Trump fue criticado por otros conservadores estadounidenses, su principal oponente en las primarias republicanas Ted Cruz -totalitario disfrazado de moderado-, lo acusó de ser un impostor, chaquetero en su afiliación política, que había pertenecido tanto al partido demócrata como al republicano en diferentes periodos de su trayectoria, además de haber apoyado a candidatos demócratas en el pasado y haber favorecido posiciones liberales progresistas como la legalización del aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo. Mitt Romney aseguró que en la campaña estaban en juego «el Trumpismo contra el Republicanismo» y acusó a Trump de mantener posiciones contrarias al partido republicano como racismo, xenofobia, intolerancia religiosa e incitación a la violencia.

Las posturas de Trump, que incluyen proteger a los protestantes de la intolerancia religiosa y el proteccionismo económico mediante subvenciones a los sectores desindustrializados, distan de recibir el beneplácito del Tea Party, los defensores del liberalismo constitucional como Larry Flynt, la libertad de conciencia y expresión en Estados Unidos, como ya fueron cuestionadas por otros líderes republicanos durante las primarias para elegir al candidato presidencial. Algunos representantes republicanos que participaron en actos del Tea Party fueron Sarah Palin, Michelle Bachmann, otros que recibieron respaldo durante las primarias pasadas fueron Marco Rubio en Florida, Ryan Paul en Kentucky, o Sharron Angle en Nevada. Pese a las críticas de Ted Cruz, Mitt Romney o Lindsey Graham del peligro que Donald Trump suponía para la estabilidad del partido republicano, en marzo de 2016 de Trump ya era favorito para la nominación republicana, con 678 delegados.

USA elections 2016 Trump

En otras palabras, Donald Trump elaboró una ideología sui géneris, que se basa en su propia construcción de imagen, es decir en una caracterización o un personaje carismático con gran capacidad de adaptación o resiliencia, un showman televisivo y un empresario inmobiliario escritor de bestsellers, más que un político profesional. Nadie más antisistema y contrario a la corrupción de los burócratas del gobierno y el poder judicial que un gran empresario que genera prosperidad económica, contribuye al erario público como ejemplar recaudador de los impuestos para la agencia tributaria, costea la seguridad social y los derechos de los trabajadores, frente a quienes desde la extrema izquierda o el progresismo buscan empleo como funcionarios en la burocracia para vivir a costa de la riqueza de quienes más puestos de trabajo crean y más contribuyen con sus impuestos, se endeudan con los bancos para comprar a crédito y dicen ser comunistas o socialdemócratas viviendo como burgueses acomodados en un casoplón.

Nadie conoce mejor que Trump, magnate del entretenimiento y celebridad televisiva, los resortes de la sociedad y la cultura del espectáculo en la economía más capitalista del mundo. En realidad el pulso de Trump contra las clases dirigentes del establishment es una contrarrevolución ultraconservadora populista que se opone al progresismo social, la corrección política, al multiculturalismo, al feminismo y a los compromisos sociales de la democracia, un sistema político y una legislación electoral que en realidad ha permitido su llegada a la presidencia de Estados Unidos, demostrando una vez más que la democracia es sólo un tipo de organización política -con ventajas y desventajas- y no una virtud moral o un avance cultural, que tiene todavía muchos defectos y es manifiestamente mejorable.

Todo se explica mediante la filosofía de la historia de Giambattista Vico, el genial pensador napolitano de la Scienza Nuova contrario al racionalismo more geometrico cartesiano, por más que nos cueste aceptarlo, en el sentido de corsi e ricorsi, avance y retroceso de periodos históricos con semejanzas entre épocas donde la pujanza de lo nuevo no sigue un progreso lineal hacia una sociedad civil más justa, sino diferente en el particularismo histórico de cada país. En los albores de la edad moderna, el filósofo napolitano ya elaboró una visión de la historia basada en tres premisas: (1) Determinados periodos históricos tienen características semejantes entre sí, aunque varíen los detalles en el gobierno y coyuntura socio-económica de cada Estado. (2) Hay un orden en los ciclos históricos: la conquista militar, la fundación de ciudades, las instituciones jurídicas, el orden civil, los hitos culturales, las formas de gobierno, la decadencia que provoca el germen de un futuro cambio de organización política. (3) La historia no se repite, no son ciclos cerrados, más bien una espiral creciente que mezcla elementos de distintas tradiciones y teorías, se sincretiza entre el pasado y el presente para construir el futuro.

La historia de la humanidad no tiene un cierre o final clausurado, a diferencia de las ejecuciones programáticas en toda filosofía de la historia con connotaciones religiosas del juicio final del apocalipsis bíblico, ni tampoco la temática del final de la historia queda terminada al extenderse por el mundo una forma de organización política como último estadio de sociocultural de la humanidad en el sentido de la errática antropología evolucionista, como en la doctrina de Francis Fukuyama, “The West has won” en la agenda de reformas políticas que Estados Unidos sugiere a los demás países del mundo desde la doctrina Monroe “América para los americanos“: socialdemocracia, capitalismo con libre mercado y cultura de la aldea global.

Según la paradigmática filosofía de la historia de Francis Fukuyama en su libro The End of History and the Last Man la historia de la humanidad es un proceso evolutivo desde el punto de vista sociocultural y político donde democracia liberal o la social democracia con economía capitalista de libre mercado es la forma definitiva de organización política para todas las naciones del mundo, otra terca antropología evolucionista frente a la doctrina antropológica del materialismo y el particularismo histórico.

La teoría política de Francis Fukuyama sobre la homogeneización global de la democracia liberal y el capitalismo tras la guerra fría y la caída de la unión soviética, viene a decir que incluso si todavía existen regímenes totalitarios, como Rusia, China, Corea del Norte, Tailandia, Islas Filipinas, Irán, Arabia Saudita, Qatar, Venezuela, Cuba, cada régimen político en su especificidad histórica, a largo plazo, la mayoría de los países del mundo que mantuvieron guerras y padecieron dictaduras han aceptado la social democracia y el liberalismo económico capitalista como forma de organización política más estable y próspera, sobre todo en Europa occidental a partir de la revolución francesa, tras las guerras mundiales y el telón de acero del comunismo soviético, como señaló acertadamente Alexandre Kojève.

Jacques Derrida apuntó con lucidez en los Espectros del nihilismo de Marx del año 1993 que la estabilidad política -como paz armada tras la guerra fría entre las crisis de misiles balísticos de alcance intercontinental y armas nucleares de destrucción masiva como la bomba atómica, obtenida por primera vez con el Plan Marshall- de la expansión de la socialdemocracia y el liberalismo económico capitalista era una ingenua filosofía de la historia basada en una neoevangelización de la escatología cristiana de proselitismo holístico como el catolicismo, del mantra griego ecclesia kath’holon, como antes se había producido en formas secularizadas de la teología del cristianismo protestante luterano y presbiteriano.

La tesis de Fukuyama bajo el mantra “The West Won”, “Occidente ganó”, la filosofía del “fin de la historia“, no es sino una ejecución programática hasta alcanzar el último estadio del proceso de civilización humana o el tipo de régimen político, la organización política más civilizada del ser humano sería la democracia liberal en la economía capitalista. Si las tesis de Marx, Engels y Feuerbach sobre la lucha de clases sociales para controlar los medios de producción en la economía como motor de la historia humana eran la forma invertida de la fenomenología del espíritu de Hegel, basadas en abstracciones filosóficas, ficciones teóricas de igualdad en derechos y oportunidades sin considerar la herencia de clase social similar a la antigua sociedad estamental, elucubraciones a partir de teologías secularizadas, Novalis, Die Christenheit oder Europa, el Sacro Imperio Germánico, sin olvidar que el propio manifiesto comunista respecto al rechazo de la propiedad privada está copiado de los Hechos de los Apóstoles de la Biblia, para Fukuyama la democracia liberal o socialdemocracia con economía capitalista sería la máxima realización del espíritu absoluto al digerir la naturaleza, panteísmo Deus sive Natura del antiguo Hen kai pan, Hen panta einai, la socialdemocracia y el liberalismo capitalista como último y definitivo estadio de la antropología evolucionista: la Civilización mayúscula. Distinto análisis merecerían las filosofías o doctrinas del “fin del arte”, “fin de la ciencia”, “fin de las ideologías”, “fin de los discursos emancipatorios” o “fin de la excepción humana”, todas ellas ilógicas, imperfectas, incompletas y nunca respaldadas empíricamente, sino todo lo contrario.

Antes de las oleadas de atentados terroristas islámicos de musulmanes radicales suníes como la organización Al-Qaeda al estrellar aviones en las torres gemelas del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, los atentados con explosivos en los trenes de Madrid el 11 de marzo de 2004 hasta los últimos atentados terroristas de atropellos en Niza de 2016, posteriormente en Barcelona en 2017, ya se habían publicado ensayos críticos hacia la tesis de Fukuyama del fin de la historia con la expansión proselitista y holística de la socialdemocracia, la economía capitalista de libre mercado, basados en el auge del yihadismo basado en la Sharia islámica y los regímenes totalitarios no teocráticos sino basados en dictaduras autócratas en otros países del mundo con crímenes por razón de Estado y encubrimientos de vulneraciones de derechos humanos. Derrida criticaba igualmente la oligarquización en el reparto de la riqueza, las desigualdades sociales así como la corrupción política, judicial y represión policial en los Estados considerados modélicos como socialdemócratas y capitalistas del libre mercado.

Benjamin Barber escribió en el año 1992 un artículo que amplió en un libro publicado en el año 1995, Jihad versus McWorld, donde “McWorld” actúa en metonimia como “McEmbassy” de la globalización del fast food criminal de la hamburguesería y los pollitos nuggets o junk food de triglicéridos en Super Size Me como tapadera de la burbuja inmobiliaria en los precios de los alquileres, describía una trasformación mundial hacia la secularización, laicismo, liberalismo económico, corporativismo amigable hacia las multinacionales y la deslocalización empresarial a la búsqueda de mano de obra, todo ello a pesar de la arraigada religiosidad estadounidense del sempiterno dólar, In God we trust, mientras que el vocablo “yihad” hacía referencia a la sedimentada guerra santa desde las cruzadas medievales, el fundamentalismo religioso larvado, con especial énfasis en el islamismo radical, las fuerzas tribales árabes entre los países de la organización de exportadores de petróleo que compiten como interlocutores válidos de las potencias del automovilismo.

Samuel Philips Huntington wrote a 1993 essay, “The Clash of Civilizations”, in direct response to The End of History; he then expanded the essay into a 1996 book, The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order. In the essay and book, Huntington argued that the temporary conflict between ideologies is being replaced by the ancient conflict between civilizations. The dominant civilization decides the form of human government, and these will not be constant. He especially singled out Islam, which he described as having “bloody borders”.

After the September 11, 2001, attacks, The End of History was cited by some commentators as a symbol of the supposed naiveté and undue optimism of the Western world during the 1990s, in thinking that the end of the Cold War also represented the end of major global conflict. In the weeks after the attacks, Fareed Zakaria called the events “the end of the end of history”, while George Will wrote that history had “returned from vacation”.

Fukuyama did discuss radical Islam briefly in The End of History. He argued that Islam is not an imperialist force like Stalinism and fascism; that is, it has little intellectual or emotional appeal outside the Islamic “heartlands”. Fukuyama pointed to the economic and political difficulties that Iran and Saudi Arabia face and argued that such states are fundamentally unstable: either they will become democracies with a Muslim society (like Turkey) or they will simply disintegrate. Moreover, when Islamic states have actually been created, they were easily dominated by the powerful Western states.

In October 2001, Fukuyama, in a Wall Street Journal opinion piece, responded to the declarations that the September 11 attacks had disproved his views by stating that “time and resources are on the side of modernity, and I see no lack of a will to prevail in the United States today.” He also noted that his original thesis “does not imply a world free from conflict, nor the disappearance of culture as a distinguishing characteristic of societies.”

A pesar de sus orígenes, Fukuyama siguió hasta la actualidad en su contumacia sosteniendo contra viento y marea su doctrina de la supremacia occidental y de que la socialdemocracia del liberalismo capitalista sería la forma última de organización política en todas las naciones del mundo. El final de la historia sería visto en última instancia como una paz armada sin desmilitarización de los países y espionaje internacional, Assange como cabeza de Wikileaks, la manera en que la diplomacia de España se sometió al pacto de impunidad para encubrir a los militares estadounidenses que asesinaron al corresponsal de guerra Couso, la red descentralizada Anonymous, el exilio de Snowden a Rusia con orden de extradición a Estados Unidos… un futuro lo más contrario y opuesto a la deseada paz perpetua de Kant que cristalizó en la sociedad de Naciones Unidas. No en vano Fukuyama estaba omitiendo que tras las dos guerras mundiales se produjeron hitos bélicos como el uso de armas químicas, la Shoah, las bombas atómicas, pero sobre todo que la población civil y no los militares pasan a ser el objetivo a aniquilar en el terrorismo de Estado, inversamente proporcional la distancia física con el potencial destructivo de las armas.

La emulación en la pedagogía jesuita se utilizó para justificar la economía política del capitalismo tras las doctrinas del taylorismo y fordismo para maximizar la producción industrializada en las fábricas con cadenas de montaje y circuitos de producción en serie con cinta transportadora y línea de ensamble donde los obreros no debían parar de trabajar sin moverse del puesto y perfeccionar la productividad mediante la división del trabajo, la especialización técnica según mano de obra cualificada y supervisión del tiempo, cronometrando los movimientos de los obreros para economizar costes en la secuencia de la manufactura mecanizada.

Protestas tras las elecciones presidenciales USA 2016

Por lo que pese a las manifestaciones de odio y movilizaciones sociales en protesta tras las elecciones durante el mes de noviembre, clamando con pancartas “Trump is not our president” esa parte de la población debería revisar la legislación de su sistema electoral, porque la victoria legítima de Trump se debe justamente a la democracia. Tan equivocados están como quienes en España difundieron panfletos declarando que se había perpetrado un golpe de Estado como en 1981, cuando si un gobernante y los altos cargos de su partido político son reelegidos, aún cuando estén de forma ya demostrada implicados en delitos de corrupción y financiación ilegal, es porque el propio sistema democrático, de forma ajustada a la legislación, se lo permite, por más rabia y represión social que genere. Lo que los ciudadanos en cada Estado deberían en cambio clamar es isonomía, lograr la igualdad ante la ley frente a un sistema judicial donde las clases privilegiadas pueden pasearse con impunidad, porque democracia ya tienen demasiada y sólo les depara decepciones en cada cita electoral.


Roberto Centeno, asesor de Donald Trump en el programa español de televisión Espejo Público.

Trump había intentado desacreditar a Obama en varias ocasiones antes de preparar su campaña electoral, tanteando presentarse como candidato a la presidencia después del 2012. Fue uno de los instigadores de la persecución sobre la supuesta falsedad del certificado de nacimiento de Obama, considerando que no había nacido en ningún territorio de Estados Unidos y que pudiera ser falso que nació en Honolulu, Hawaii, con lo que no debería tener la nacionalidad estadounidense, insinuando su inhabilitación. Desde medios contrarios a Obama se cuestionó su falta de contundencia en la guerra al Estado Islámico en los bombardeos en Siria, e incluso se insinuó que su confesión religiosa podría estar vinculada al Islam por pasar su infancia en Indonesia.

En uno de los ataques sesgados de la cadena Fox News contra los demócratas, Bill O’Reilly difundió unas imágenes del adolescente Obama en una ceremonia islámica con su familia política en Indonesia, a modo de acusación velada. Pese a que Obama siempre ha sido tan moderado como un agnóstico, pero dada la importancia de las creencias religiosas en Estados Unidos, se inclinó hacia el cristianismo protestante.

En su libro La audacia de la esperanza: Reflexiones sobre cómo restaurar el sueño americano (En inglés, The Audacity of Hope: Thoughts on Reclaiming the American Dream), Barack Obama explicó sobre su trayectoria espiritual que «no fue criado en un hogar religioso», aunque su madre era «en muchas formas la persona espiritualmente más consciente que ha conocido». Describió que su padre keniano fue criado dentro de la fe islámica, pero que «confirmó ser un ateo» cuando conoció a su madre, y dijo que su padrastro indonesio era un hombre «que veía la religión como algo particularmente inútil». En su juventud en Estados Unidos, Obama trabajó durante la veintena como organizador comunitario y su colaboración con las iglesias de las minorías de raza negra, le sirvió para comprender «el poder de la tradición religiosa afroamericana para estimular el cambio social», mostrándose respetuoso con las religiones cristianas y protestantes.

Obama Fox News

Wesley Clark, general estadounidense que fue comandante de la OTAN entre 1997-2000, ha difundido en diferentes publicaciones y entrevistas televisivas en los últimos quince años que el Estado Islámico se originó con financiación de países aliados al buscar radicales suníes para enfrentarse al grupo chií duodecimanos Hezbolá, como una estrategia anterior a entrenar a los rebeldes sirios para derrocar a Bashar al Assad.

Intervenciones militares de Estados Unidos en Oriente Próximo

Los datos del estudio de Wall Street Journal sobre las donaciones millonarias de países a la Clinton Foundation corroboran la política exterior belicista de Hillary Clinton, apodada como la reina de la guerra, en defensa de los intereses de Arabia Saudí, y en contra de la alianza chií entre Hezbolá, Irán y Líbano en la guerra civil de Siria que se prolonga desde el año 2011 con un final incierto en un país destruido y arruinado.

“En el año 2009, antes de Hillary, el Estado Islámico ni tan siquiera estaba en el mapa; Libia era un país estable; Egipto era pacífico; Irak estaba viendo una gran reducción de la violencia; Irán estaba siendo ahogado por las sanciones a su programa de armamento nuclear; Siria estaba más o menos bajo control antes de la revolución de la primavera árabe de 2011. Después de cuatro años de Hillary Clinton en la política exterior y defensa nacional, designada por el gobierno de Barack Obama, ¿qué tenemos? El Estado Islámico se ha expandido por toda la península arábiga desde la guerra de Siria y la ideología del yihadismo por el mundo entero. Libia está en ruinas, y el embajador de Bengasi y sus empleados fueron abandonados a su suerte y murieron a manos de asesinos salvajes. Egipto viró hacia el movimiento radical sunita de los Hermanos Musulmanes, forzando al ejército y una coalición de fuerzas armadas a retomar el control de su país. Irak es un caos por las intervenciones militares estadounidenses desde la primera guerra del golfo pérsico. Irán está en vías de conseguir armas nucleares. Siria está sumida en una guerra civil que durará una década y una crisis de refugiados ahora amenaza a Occidente. Después de quince años de guerras en Oriente Medio, después de billones de dólares gastados y miles de vidas perdidas, la situación es peor de lo que nunca ha sido. Éste es el legado de Hillary Clinton: muerte, destrucción, terrorismo”.

Posición de Donald Trump en política exterior con los países árabes

Todo ello aumenta el riesgo de confrontación militar con Rusia y Oriente Medio pese al acuerdo anti-nuclear con Irán, dado que el consejo de seguridad nacional en Estados Unidos prefiere dar trato de favor a los países árabes de confesión islámica sunita como Arabia Saudita, Emiratos Árabes, al buscar acuerdos con la expansión arbitraria y autocrática del Estado de Israel sin contar en las negociaciones o perjudicando deliberadamente a países como Irán o Líbano, de población musulmana chií.

“Para protegernos del terrorismo necesitamos tener unos servicios de inteligencia mejores que los de ningún otro país. Debemos abandonar la estrategia fallida de construcción nacional y cambios de régimen que Hillary Clinton ha usado en Irak, Libia, Egipto y Siria. En lugar de eso, debemos trabajar con todos nuestros aliados para compartir nuestro objetivo de destruir al Estado Islámico y echar al terrorismo islámico, y hacerlo ahora y hacerlo rápido. Esto incluye trabajar con nuestro mejor aliado en la región, el Estado de Israel”.

“Hace poco he dicho que la OTAN estaba obsoleta, porque no ha evitado correctamente el terrorismo y también porque muchos de los países miembros no estaban aportando su parte proporcional. Como siempre, los Estados Unidos han estado afrontando los costes. Muy poco después, se anunció que la OTAN estaba preparando un nuevo programa para combatir el terrorismo. Un verdadero paso en la correcta dirección”.

Al mismo tiempo, Hillary Clinton defiende una política beligerante hacia Rusia en su frontera con Ucrania, por el conflicto de Crimea y la intervención de Rusia en Siria. Trump se ha mostrado contrario a seguir interviniendo en la guerra de Siria, prefiriendo mejorar las relaciones con Rusia y dejar que sea Putin quien se ocupe del Estado Islámico, más partidario de la autarquía y el aislacionismo que de mantener alianzas de intervencionismo militar como la obsoleta militarista Organización del Tratado del Atlántico Norte, manifestó en el pasado estar en contra de la guerra de Irak del año 2003, de mayores intervenciones de Estados Unidos en Oriente Medio ni más experimentos en el Golfo Pérsico que generen caos internacional e inestabilidad por la propagación de organizaciones terroristas yihadistas, criticando el desempeño de Obama en la guerra contra el terrorismo islámico y la política exterior seguida por Estados Unidos en Oriente Medio en los últimos 30 años.

Clinton Foundation donors

Los medios de comunicación mayoritarios advierten que la actitud rupturista y antisistema de la cual hizo gala Donald Trump durante la campaña electoral supone un riesgo de regresar al absolutismo o una forma de neototalitarismo conservador, pues será el presidente de Estados Unidos con más poder de la historia, cuyos orígenes en el liberalismo constitucional, la separación de poderes y contrapesos (checks and balances) está ahora sometido a prueba.

Donald Trump controlará el poder ejecutivo y legislativo con puño de hierro, pero como anticipara durante la campaña amenazando a Hillary Clinton con nombrar a un fiscal que la investigara por sus prácticas diplomáticas opacas en el caso del atentado al consulado de Bengasi, donde murieron dos Navy Seal, un diplomático y el embajador estadounidense en Libia, su sospechosa eliminación de decenas de miles de emails confidenciales -más de 30 000- con comunicaciones sobre los negocios y la fundación del matrimonio Clinton, o mantuviera una polémica con la magistrada Ruth Ginsburg diciendo que deberían inhabilitarla, Trump pretende controlar también el poder judicial, ya de por sí politizado y corrupto, demostrando que con influencias se puede condenar a los enemigos y encubrir a los amigos, algo que -como es notorio- se hace en muchos países del mundo, incluyendo España.

Para ello ha nombrado al senador Jeff Sessions como fiscal general, que según algunos medios tuvo vinculación en su inicio de la carrera judicial con el ilegalizado grupo racista Ku Klux Klan, precursor reconvertido después en la NRA (Asociación Nacional del Rifle). El teniente general Mike Flynn, será consejero de Seguridad Nacional y Mike Pompeo será el director de la CIA, quien fuera promotor de la investigación contra Hillary Clinton por el atentado contra el consulado estadounidense en la ciudad libia de Bengasi en 2012 y quien declaró que Edward Snowden, exiliado en Rusia tras haber desvelado informaciones confidenciales de espionaje, debe ser sometido a un juicio justo y condenado a muerte.

Tráfico de influencias en la carrera presidencial de Donald Trump

Muchos aspectos de la imagen mediática de Trump son controvertidos, cuando no directamente tergiversados. Pese a recuperarse de una bancarrota y suspensiones de pagos en sus empresas de resorts para luego amasar una fortuna en la inmobiliaria y el sector de la construcción, Trump no se corresponde exactamente con el arquetipo o ideal cultural americano del self-made man, pues tal expresión utilizada para rendir culto a su personalidad refiere a alguien que nació siendo pobre, en un entorno socio-económico en clara desventaja, pero que alcanzó un gran éxito económico o profesional por su trabajo duro, tenacidad e ingenio más que por heredar una fortuna, tener contactos, influencia familiar u otros privilegios. Donald Trump es más bien un empresario de segunda generación en el mismo sector de su padre, de quien aprendió el oficio y junto a sus hermanos heredó una fortuna.

Si se rastrean los orígenes familiares no es difícil encontrar que el imperio Trump procede de inmigrantes alemanes de confesión religiosa protestante luterana cuyo apellido original era Drumpf, después adaptado a Trump como estrategia de integración social tras la Segunda Guerra Mundial dado que la familia prefirió fingir que era de origen sueco en la postguerra para hacer negocios alquilando viviendas residenciales a la clase media de origen judío en Estados Unidos, evitando cualquier vinculación con el nazismo. Fred Trump construyó viviendas de alquiler accesibles a través de grandes complejos de apartamentos en Nueva York, incluyendo más de 27.000 departamentos para familias de bajos ingresos y townhouses en los barrios de Coney Island, Bensonhurst, Sheepshead Bay, Flatbush, y Brighton Beach en Brooklyn, y Flushing y propiedades jamaiquinas en Queens.

En el año 1968, su hijo de 22 años Donald Trump Jr se unió a su Administración de Trump Management Co., siendo presidente en 1974, y rebautizándolo a The Trump Organization en el año 1980. A mediados de los setenta cedió su fortuna a su hijo, con un patrimonio de unos 250 millones de dólares, dejándolo al mando del negocio de bienes raíces en Manhattan, mientras Fred se aferró a Brooklyn y Queens. Según declaraciones de Donald Trump en el programa de las mañanas Today, de la cadena NBC, en octubre del 2015, recibió un préstamo de 1 millón de dólares para empezar sus propias inversiones en el sector inmobiliario, que calificó de pequeño importe en comparación con todo lo que logró construir durante su vida.

Donald Trump convocó grandes multitudes en sus mítines, llenando estadios y gimnasios de colegios. Miles de personas asistieron a los mítines de Trump en Iowa, más que cualquier otro candidato en sus actos de campaña. Trump celebró un mitin en el Estadio Ladd-Peebles en Mobile, Alabama, con asistencia aproximada de unas treinta mil personas. Algunos de estos eventos estuvieron marcados por incidentes de violencia, mayormente de detractores anti-Trump contra simpatizantes de Trump, aunque también en el caso contrario, como la expulsión de periodistas y activistas progresistas de izquierda que criticaban el mensaje: “Yo contra el mundo” (Recuperaré el orden) frente al slogan demócrata “Lo hacemos juntos” (Stronger together).

“Nadie conoce nuestro sistema mejor que yo. Por eso estoy capacitado para arreglarlo solo”.

Varios miles de personas acudieron al Centro de Convenciones de Phoenix, Arizona, al mitin del 11 de julio de 2015, convirtiendo al evento de lejos en uno de los más multitudinarios de la campaña de primarias en el partido republicano. El sheriff del condado de Maricopa Joe Arpaio presentó al candidato y durante su discurso, Donald Trump invocó a “la mayoría silenciosa” estadounidense como hiciera Richard Nixon en el año 1969, diciendo que la mayoría silenciosa estaba de vuelta para tomar el control del país, refiriéndose a las masas sociales de clase obrera en el corazón de Estados Unidos que no recibían deliberadamente cobertura en los medios de comunicación para silenciar su voz.

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