El director de cine Michael Moore anticipó la victoria presidencial de Donald Trump

Algunos analistas lúcidos, como el director de cine Michael Moore -más conocido por películas documentales sobre la idiosincrasia estadounidense y la violencia de las armas de fuego como Bowling for Columbine– o el profesor universitario Allan Lichtman, fueron capaces de predecir con bastante antelación que Donald Trump ganaría las elecciones presidenciales, no tanto aprovechando debilidades de los demócratas, sino usando su experiencia como celebridad de éxito empresarial, showman televisivo, orador retórico con su conocimiento del poder de la imagen mediática reproducida masivamente para obtener publicidad gratuita en su campaña y así hacer llegar su mensaje a la población estadounidense pese al rechazo de los medios de comunicación mayoritarios o pseudoprogres.

Michael Moore exponía en su página personal que Trump iba a hacer saltar las previsiones más sensatas ganando las elecciones a la presidencia de Estados Unidos por 5 razones principales por lo que los medios de comunicación no debían subestimar ingenuamente a un magnate del entretenimiento ni divertirse con sus salidas de tono como si fuese un bufón de la Corte, así como 5 estrategias desesperadas en las elecciones presidenciales USA 2016 para intentar evitar lo inevitable, además de introducir algunos hechos que por ilógicos que suenen, son conocidos por la mayoría. Hechos como que más del 75% del electorado estadounidense estaba compuesto por ciudadanos que difícilmente votarían a Trump debido a sus declaraciones incendiarias, misóginas y xenófobas, pues 3/4 de la población son la combinación de mujeres, afroamericanos, inmigrantes latinoamericanos y asiáticos, así como menores de 35 años, que no votarían -en teoría- contra sus propios intereses.

Coming back to the hotel after appearing on Bill Maher’s Republican Convention special this week on HBO, a man stopped me. “Mike,” he said, “we have to vote for Trump. We HAVE to shake things up.” That was it. That was enough for him. To “shake things up.” President Trump would indeed do just that, and a good chunk of the electorate would like to sit in the bleachers and watch that reality show.

Al regresar al hotel después de asistir a la cobertura realizada por Bill Maher en la cadena televisiva HBO sobre la Convención del Partido Republicano tras las primarias de julio de 2016, me abordó un transeúnte. “Mike”, me dijo. “Tenemos que votar por Trump. TENEMOS que hacer reformas drásticas. Eso fue. Eso fue suficiente para él. Conseguir un cambio radical para poner patas arriba las instituciones del Estado, agitar el avispero. Ciertamente el presidente Donald Trump hará justo eso, y a una buena porción del electorado le gustará sentarse en los graderíos para contemplar en estado de shock ese espectáculo como si se tratara de otro reality show.

Sin embargo, es conocido en todo el mundo que la participación de los votantes es sensiblemente inferior en las comunidades deprimidas, marginadas o más pobres de la población, por más que simpaticen con el candidato progresista, mientras que la población ideológicamente más próxima a la derecha ha sido históricamente más disciplinada a la hora de ir a votar en masa, siempre fieles en su cita con las urnas. Los hombres blancos empobrecidos y rabiosos del centro de Estados Unidos con más de 35 años representan un 20% del electorado pero son 40 millones de votantes en total. En una interpretación sesgada y reduccionista, la nación estadounidense quedaría enfrentada entre la población rural y obrera de los Estados proletarios del centro que recibieron proteccionismo económico en el sector agrícola e industrial, los sureños de los Estados confederados donde quedó larvada la xenofobia y el racismo hacia los afroamericanos, mayoritariamente blancos latifundistas descendientes de inmigrantes europeos, frente a las grandes ciudades de las costas, más heterogéneas, inclusivas en la diversidad y mestizaje social, cosmopolitas, dinámicas, generadoras de prosperidad económica, competitivas en el sector servicios y la cultura del entretenimiento.

USA elections 2016 people

No hay duda de que si la gente pudiera votar desde el sofá de su casa utilizando la conexión de su televisor o la videoconsola Xbox o PlayStation, Hillary Clinton ganaría por goleada. Pero la gente tiene que salir de casa y hacer fila para votar. Si residen en vecindarios marginales y deprimidos como algunas comunidades de hispanos y afroamericanos, no sólo tienen que esperar una larga cola, sino que se ponen todo tipo de trabas para que ejerzan el derecho al voto o para manipular las circunscripciones electorales, el efecto Gerrymandering.

En muchas elecciones es difícil que un 50% de la población vaya a votar, ejerciendo su derecho sufragista, que millones de muertes y represiones revolucionarias costó en la historia desde el terror de la revolución francesa entre 1789-1795 frente a la más pacífica constitución de Estados Unidos, a través de los Federalist Papers y la Bill of Rights como textos legislativos fundacionales de la Carta Magna estadounidense entre los años 1787-1791. La participación electoral es menor y fragmentada entre los progresistas, enfrentados en la dialéctica crítica en sus propias filas. Los ultraconservadores sociales son disciplinados, mejores negociadores, aprovechan la división interna de los progres mientras se atacan en sus propias filas, con la dialéctica crítica como linchamiento del disidente que no repite las consignas sectarias, los neoconservadores reaccionarios estadounidenses abrirán allí la brecha para votar en masa a primera hora en su colegio electoral. ¿Os suena?

Cinco motivos principales para anticipar la victoria presidencial de Donald Trump

Nada nuevo bajo el Sol. Ahí se encuentra el problema en las elecciones presidenciales de Noviembre 2016 en Estados Unidos: ¿quién va a tener a los votantes más motivados para presentarse a votar? ¿Quién es el candidato con los seguidores más rabiosos? Cuyos forofos enloquecidos estarán arriba a las 5 AM el día de las elecciones, agitando a los demás todo el día, todo el tiempo hasta que cierre el último colegio electoral, asegurándose de que sus conocidos Tom, Dick y Harry (y Bob y Joe y Billy Bob y Billy Joe y Billy Bob Joe) han votado? Así es. Ahí está el peligro. Y no te engañes, no importa cuanta publicidad persuasiva pongan de Hillary Clinton en televisión, cuantas veces desacrediten a Donald Trump en los debates o cuantos votos le desvíen los libertarios, no van a detener el magnetismo personal del gigante.

Depresión económica del Cinturón del Óxido en los Estados de los grandes lagos

1- Bienvenido al Brexit de nuestro Cinturón del Óxido. Trump centrará su atención en los cuatro Estados tradicionalmente demócratas del denominado Rust Belt: Michigan, Ohio, Pennsylvania y Wisconsin, antiguas áreas industrializadas con concentración de viejas empresas en decadencia que dejaron de ser rentables, relacionadas con la minería, el acero y la automoción, provocando el cierre y abandono de fábricas, el descenso de la población desde 1980 y la pérdida de empleos. El Cinturón del Óxido se extiende desde la costa atlántica hasta el este de Wisconsin, limita al sur con las zonas mineras de los montes Apalaches y al norte con los Grandes Lagos. En estos cuatro Estados tradicionalmente demócratas, se eligió en el año 2010 a un gobernante republicano, sólo Pennsylvania tiene a un demócrata.

En las primarias de marzo de 2016 de Michigan, más ciudadanos votaron por los republicanos (1.32 millones) que por los demócratas (1.19 millones). En verano de 2016, Trump ya adelantaba según las encuestas a Hillary en Pennsylvania y estaban empatados en Ohio. ¿Empatados? ¿Cómo es posible que la carrera presidencial estuviera tan ajustada después de todas las excentricidades que dijo e hizo Trump? Bueno, tal vez es porque dijo -acertadamente- que el apoyo de Clinton al Tratado de Libre Comercio de América del Norte propició la destrucción de las zonas industrializadas en el Rust Belt. Trump se dedicó a vapulear a Clinton sobre esto, así como su respaldo del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y otras políticas económicas relacionadas con la globalización y el libre comercio que han dejado en la miseria a las clases trabajadoras y obreros estadounidenses del Rust Belt.

“Estados Unidos ha perdido más de un tercio de sus empleos industriales desde el año 1997, a consecuencia de la promulgación de desastrosos tratados comerciales apoyados por Bill y Hillary Clinton. Recordad, fue Bill Clinton quien firmó el North American Free Trade Agreement (NAFTA), uno de los peores acuerdos comerciales llevados a cabo nunca por nuestro país o, francamente, cualquier otro país”.

“Voy a traer de vuelta nuestros empleos a Ohio, Pensilvania, Nueva York, Michigan y todo Estados Unidos, y no voy a dejar a las empresas marcharse a otros países, despidiendo a sus empleados por el camino, sin consecuencias”.

“Mi oponente, por otra parte, ha apoyado casi cualquier tratado comercial que ha estado destruyendo a nuestra clase media. Hillary Clinton apoyó el NAFTA, y ella apoyó la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio, otro de los colosales errores y desastres de su marido. Ella apoyó el tratado destructor de empleos de Corea del Sur, ella apoyó el Acuerdo Transpacífico, que no sólo ha destruido nuestra industria sino que ha dejado a Estados Unidos sujeto a las normas de otros países”.

Cuando Trump se colocó a la sombra de una fábrica Ford durante las primarias, amenazó a la corporación de que si seguían adelante con sus planes de cerrar la fábrica y trasladarla a México, impondría un impuesto del 35% sobre cualquier vehículo producido en México y luego enviado para comercializarlo en Estados Unidos. Fue dulce música para los oídos de las clases trabajadoras de Michigan, y cuando lanzó su amenaza a Apple de que los obligaría a dejar de fabricar los iPhones en China para que se fabricaran en Estados Unidos, pues bien, los corazones se extasiaron y Trump alcanzó una gran victoria que posteriormente recayó en el gobernador de Ohio, John Kasich.

Desde Green Bay, Wisconsin, hasta Pittsburgh, Pennsylvania, se extienden suburbios rotos, deprimidos, en las últimas, montones humeantes esparcidos por las zonas periféricas con el esqueleto de lo que solíamos llamar la clase media del extrarradio. Gente furiosa, trabajadores amargados (y desempleados) quedaron a la espera del chorreo de la riqueza con Reagan y fueron abandonados por los políticos demócratas que todavía intentan decir hipócritas palabras mientras sus miras están puestas en relacionarse con lobbys metafinancieros trascendentes a la economía real como Goldman Sachs que les extenderán un gran cheque bancario antes de marcharse.

Lo que ocurrió en Reino Unido con el Brexit va a ocurrir en Estados Unidos con su Rust Belt o Blue Wall, Cinturón del Óxido o Muro Azul, de tradición demócrata. Elmer Gantry se presenta como si fuera Boris Johnson y dice cualquier chaladura con tal de embelesar a las masas de que ¡esta es su oportunidad! ¡Para devolvérsela a todos ellos, todos los que quebraron su sueño americano! ¡Y ahora el forastero, Donald Trump, ha llegado para poner orden! ¡No tienes que estar de acuerdo con él! ¡Tampoco hace falta que te guste! ¡Él es tu cóctel molotov personal que puedes lanzar directamente al centro de los bastardos que te hicieron esto! ¡Trump es tu mensajero!

Y aquí es donde entran las matemáticas. En el año 2012, Mitt Romney -aún recibiendo más apoyos que Trump- perdió por 64 representantes o votos electorales. Suma los votos electorales de Michigan, Ohio, Pennsylvania y Wisconsin. Exacto, son 64. Todo lo que Trump necesitaba hacer para ganar las elecciones presidenciales, como era de esperar, era llevar la impronta de color rojo de los Estados tradicionalmente republicanos desde Idaho a Georgia (Estados que nunca votarían a Hillary Clinton), y después ganar en estos cuatro Estados del Rust Belt, para derrotar el muro azul. Ni siquiera necesitaría Florida (donde incluso la comunidad cubana prefirió al empresario antes que a Clinton), Colorado o Virginia. Hacerse con Michigan, Ohio, Pennsylvania y Wisconsin. Saldrá fetén y con ello llegará a la cima.

Angry White Men, White Anglo-Saxon Protestants, ¿tolerarían una mujer como presidenta de Estados Unidos?

2- El último hombre blanco enfurecido en pie. Dominado por los varones, gobernado durante 240 años por los hombres blancos anglosajones protestantes, -salvo el presidente John Fitzgerald Kennedy- élites formadas en las universidades de la Ivy League de Estados Unidos, tal y como lo conocemos, se aproxima a su fin. ¡Una mujer a punto de tomar el poder! ¡¿Cómo ha podido ocurrir algo así?! ¡Bajo nuestra mirada vigilante! Hubo signos de advertencia, pero los ignoramos. Nixon, el traidor del género, nos impuso el Título IX de Estados Unidos, la ley que prohibía las discriminaciones en las prácticas deportivas de los centros de estudio que antaño separaban en los colegios a los chicos y las chicas. Después permitieron a las mujeres pilotar aviones de aerolíneas comerciales. Antes de que nos diéramos cuenta, Beyoncé provocó un vendaval en el terreno durante la Super Bowl (¡nuestro juego!) con un ejército de mujeres afroamericanas, con el puño en alto, ¡declarando que nuestra dominación, el patriarcado del varón blanco, había terminado! ¡Oh, la humanidad!

Este es un vistazo en el interior de la mente del macho blanco en peligro. Existe la sensación de que el poder se les ha escapado de las manos, que su manera de hacer las cosas ya no se corresponde con la forma en que se hacen. Este monstruo, la Feminazi -utilizando una expresión de Trump como metáfora misógina de la menstruación – “sangra por los ojos o a través de donde sangre” nos ha subyugado — y ahora, después de haber soportado durante ocho años a un hombre negro diciéndonos lo que teníamos que hacer, ¿se espera de nosotros que nos quedemos sentados para que durante ocho años una mujer nos dé órdenes? ¡Y después de eso serán ocho años con un gay en la Casa Blanca! ¡Luego serán los transgéneros! Puedes ver a dónde nos lleva esto. Para entonces los animales recibirán derechos humanos y un maldito hámster llegará a gobernar el país. ¡Tenemos que detener esto!

Hillary Clinton, escándalos de su marido, financiación opaca de su fundación, corrupción y belicismo

3- El problema de Hillary. Mucha gente la aprecia, más por conmiseración al ser la mujer que más humillaciones públicas ha soportado para medrar en política profesional ante los escándolos de su marido con quien montó el tinglado de donaciones y conferencias infladas para financiar la fundación Clinton, el expresidente Bill Clinton por sus relaciones inapropiadas con la becaria Lewinsky en el despacho oval, motivo de moción de censura o impeachment en las cámaras legislativas de Estados Unidos, junto a una comisión investigadora sobre Bill Clinton por haber perjurado en su declaración parlamentaria explicado en términos jurídicos por Peter Tiersma.

El respaldo de Hillary Clinton a la guerra de Iraq en el año 2003 hizo que muchos antibelicistas como Michael Moore prometieran no volver a votarla jamás. Hasta la fecha, el cineasta reconocía no haber roto dicha promesa. Aún prefiriendo a Bernie Sanders como candidato demócrata a la presidencia, más de una década después votaría por Clinton, rompiendo la promesa con tal de evitar que un proto-fascista se convirtiera en el comandante en jefe de Estados Unidos. Sin embargo, reconocía que tristemente Clinton metería a Estados Unidos en intervenciones militares entre los países árabes y exportadores de petróleo, crisis diplomáticas por los programas de armamento nuclear y misiles de alcance continental, como ya era beligerante en la etapa de Obama, pero Trump pulsaría su dedo de psicópata sobre el Botón del Pánico.

En otras palabras, Hillary era la opción menos mala entre los peores escenarios posibles, como de costumbre votan los ciudadanos. El mayor problema era la impopularidad de Hillary, dado que hasta un 70% del electorado estadounidense la consideraban alguien poco confiable y una persona deshonesta. Incluso un porcentaje casi tan elevado de las mujeres votaría por Trump antes que por una política corrupta que ya ha defraudado a quienes padecieron discriminación de jure en las instituciones antes que verla en el gobierno de su país.

Hillary Clinton Fox News

Representa la política a la vieja usanza, el medraje y la molicie, codicia y poder en la política, la trayectoria de Hillary Clinton se ha basado en maquinar estrategias a corto plazo para ser elegida y ocupar una poltrona mejor remunerada, con rostro de cemento, donde dije digo… Por eso se opuso a los matrimonios entre homosexuales para plegarse a los ultraconservadores sociales, para tiempo después oficiar bodas gay cuando apreció rédito político entre el electorado demócrata. Las mujeres jóvenes son sus mayores detractores, lo cual debe doler considerando que son los sacrificios y luchas que Hillary Clinton y otras mujeres de su generación aguantaron para que estas mujeres jóvenes no tengan que soportar lo que digan Barbara Bushes del mundo de que deberían volver a la cocina a hornear galletas y fregar los platos. El apellido Clinton recuerda a dinosaurios de la vieja guardia, a corrupción política, el paradigma de la misoginia en la chusta de un puro que Bill Clinton usó como instrumento fálico con la becaria Lewinsky en el despacho oval de la Casa Blanca.

Ningún millennial votó por Hillary Clinton con el entusiasmo que despertó en su día Barack Obama cuando llegó a la presidencia ni tampoco cuando Bernie Sanders estaba en las primarias demócratas. Hillary Clinton no despertó entusiasmo alguno y precisamente porque las elecciones presidenciales se decidían en quien era capaz de movilizar a más gente para que se molestaran en salir de sus casas a votar, perdió. No sirvió de nada el llamamiento de Obama en las comunidades de menor participación electoral, ni el slogan convertido en hashtag de tendencia en Twitter “Don’t boo, vote!

Los votantes demócratas que preferían a Bernie Sanders como candidato presidencial

4- Votantes deprimidos de Sanders. Aquellos que preferían a Bernie Sanders como candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos aceptaron votar por Clinton después de las primarias. Sorprendentemente, más votantes demócratas respaldaron a Clinton que los que lo hicieron con Obama cuando ella perdió en las primarias del año 2008 cuando se enfrentaba contra el expresidente. Pese a la reticencia de los partidarios de Sanders a respaldar a Clinton con tal de no tener a Trump como presidente, se trató de un voto deprimido. Es decir, que este grupo de votantes no acude a las urnas acompañado de sus amistades y conocidos en tropa a votar, ni tampoco hace campaña o habla con entusiasmo con otros vecinos de que piensa votar por Hillary. Un votante deprimido y desencantado de la campaña electoral al no ver a su candidato favorito de las primarias del partido político como opción viable a la presidencia del país, finalmente se quedará en su casa antes que consolarse con la momia.

Los Estados del centro junto con el Rust Belt desindustrializado de los grandes lagos quieren un giro drástico en las instituciones de Estados Unidos, la política financiera, el comercio exterior y la defensa nacional, incluso los jóvenes de clase media que no son descendientes de migrantes de Europa continental ni de los Estados confederados sureños o del sector agrícola. Prefieren a un candidato que no haya estado viviendo del dinero de los contribuyentes y las comisiones de multinacionales, un empresario que representa el Sturm und Drang, la tormenta y el empuje del tornado inverso cuando un emprendedor alcanza mucho apalancamiento en base a su concentración para acumular momentum hacia un objetivo, tal como lo expresó Donald Trump -de antepasados alemanes- en su emblemático libro de finanzas The Art of the Deal.

“I discovered, for the first time but not the last, that politicians don’t care too much what things cost. It’s not their money.”

― Donald J. Trump, Trump: The Art of the Deal

Así, Donald Trump consideró que podría incluso captar votos de los demócratas desencantados que solamente apoyarían la candidatura de Bernie Sanders pero no respaldarían el apellido Clinton en la Casa Blanca, así lo anunció el gigante tras imponerse en las primarias y caucuses del partido republicano como candidato a la presidencia de Estados Unidos:

“He visto de primera mano cómo nuestro sistema es corrupto, como lo fue contra Bernie Sanders. Él nunca tuvo ninguna posibilidad. Pero sus seguidores se van a sumar a nuestro movimiento porque nosotros vamos a solucionar su problema principal: tratados comerciales que han despojado a nuestro país de nuestros empleos y nos han despojado de nuestra riqueza”.

“Muchos demócratas van a sumarse a nuestro movimiento, porque nosotros vamos a arreglar el sistema para que funcione con equidad y justicia para todos y cada uno de los norteamericanos”.

Las personas jóvenes no toleran representantes fraudulentos y farsantes. Volver a la era Clinton/Bush les recuerda pagar por música, usar MySpace o llevar teléfonos móviles de teclas. Votaron por Trump, por la candidatura libertaria o se quedaron directamente en casa sin moverse hasta su colegio electoral como couch potatoes. Hillary Clinton lo hizo también mal pretendiendo recibir respaldo de los millenials eligiendo a un hombre moderado como Kaine de compañero de ruta para la vicepresidencia. Si el partido demócrata hubiese puesto a dos mujeres en la candidatura presidencia/vicepresidencia habría sido una forma de entusiasmar a la gente joven para jugarse un doble o nada, pero prefirieron no arriesgarse, perdiendo apoyos entre los votantes de la generación millennial.

Jesse Ventura sentó un precedente como paradigma electoral en Estados Unidos

5- El efecto Jesse Ventura. Finalmente, no hay que descartar la capacidad del electorado de comportarse de manera perversa, traviesa. Gamberros y vándalos con apariencia socialmente aceptable que llevan una doble vida, subestimar cómo millones de personas fantasean como anarquistas en secreto y se sienten sofisticados una vez que cierran la cortina de la cabina de votación y creen que nadie les ve, no hay poder coercitivo sobre ellos ni temor a Dios. Todo está permitido. Es una de las pocas zonas que quedan en nuestra sociedad de control, vigilancia y espionaje donde no haya una cámara de seguridad con videovigilancia, aparatos de grabación, micrófonos espía, escuchas grabadas, pinchazos telefónicos, donde se puede entrar con cierta tranquilidad sin estar vigilado por la mujer, los niños, el jefe, la policía, y tampoco hay un puñetero tiempo límite, hasta cierto punto.

Puedes tomarte el tiempo que quieras sin recibir presiones de nadie una vez que estás allí. Puedes pulsar un botón para votar por una candidatura en una línea, o puedes escribir que votas por Mickey Mouse y el Pato Donald -lo cual sería voto nulo pero mucha gente se divierte así- o a un personaje imaginario. No hay reglas. Y por ello, y por todo el odio que tiene mucha gente hacia un sistema político destrozado, millones de personas votarán por Trump no por estar de acuerdo con él, no por su fanatismo o su egolatría, sino simplemente por que les está permitido. Un experimento político de quienes están hartos del bipartidismo y los discursos modernos cosmopolitas. Quieren alguien que no haya hecho carrera política en el pasado, criado desde las juventudes de un partido político sin dar un palo al agua en la empresa privada, no otro alto funcionario como títere de las corporaciones.

Sólo por provocación, para fastidiar, para vengarse y castigar a las élites del establishment, las clases dirigentes de las puertas giratorias como asesores externos del consejo de administración de bancos y añejos monopolios, los pseudoprogres demócratas que aprueban invasiones militares, para enfurecer al resto de la población, a papá y mamá. Y de la misma manera que alguien se coloca o se imagina de pie en las cataratas del Niagara y su mente piensa en cómo sería lanzarse a través, mucha gente estará encantada de colocarse en la posición del titiritero y tener a otros como sus marionetas, imponer a Trump y ver qué es lo que sucede en el mundo. Ir de abogados del diablo aunque luego se asombren cuando todo su país esté ardiendo en llamas.

Muchos estadounidenses recordarán cómo en el año 1998 se eligió a un marine y luchador profesional como gobernador de Minnesota: Jesse Ventura. Los ciudadanos no lo hicieron porque fueran estúpidos o porque pensaran que Jesse Ventura era un hombre de Estado o un político intelectual, pero sí un héroe mediático y un hombre de acción. Lo hicieron porque estaba a su disposición. Minnesota es uno de los Estados con más personas inteligentes y formadas del país, pero también lleno de gente con un oscuro sentido del humor: votar por Ventura fue su manera de llevar a la práctica una broma sobre un sistema político enfermo. Jesse Ventura fue elegido alcalde de Brooklyn Park, Minnesota, desde 1991 a 1995, y el trigésimo octavo 38º gobernador de Minnesota desde 1999 hasta 2003. Primer y único candidato del partido reformista como candidatura alternativa a demócratas y republicanos que hasta la fecha en la historia de Estados Unidos haya logrado gobernar un Estado.

Veterano militar de la marina estadounidense en el equipo de artificieros navales, Navy Underwater Demolition Team, durante la guerra de Vietnam. Tras dejar las fuerzas armadas, se desempeñó como afamado peleador de lucha libre entre los años 1975 a 1986, reconocido en la federación mundial de lucha y artes marciales mixtas, World Wrestling Federation, como luchador de peso pesado y comentador de combates. Además de ser un mediático combatiente fue actor de películas de cine de acción como Predator y The Running Man en el año 1987. ¿Nadie ve similitudes con Arnold Schwarznegger?

Jesse Ventura era un individualista sin experiencia en política, aunque como candidato a gobernador cumplía algunas de las claves del profesor Allan Lichtman, utilizó su nombre y fama mediática para presentar una candidatura independiente en Minnesotta, pero sin causar estragos una vez en el poder y sin querer presentarse a la re-elección demostró que era una persona responsable, sensata, que prefirió apartarse en un pacto social por la convivencia pacífica demostrando con sus actos que no quería hacer daño a sus conciudadanos. La cuestión de fondo es que Jesse Ventura era Calimero en comparación con Arnold Schwarznegger, promotor de la pena de muerte y ejecutor de presos del death row en centros penitenciarios de California, mucho menos peligroso que Donald Trump. El forzudo no ha ganado las elecciones como gobernador de un único Estado sino que ya está sentado en la poltrona de la presidencia de Estados Unidos.

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