Imágenes y videos del terremoto en México central (2)

Publicado en Noticiascon fecha 23 - septiembre - 2017

 

Hasta que las autoridades oficiales desplegaron a los militares -Enrique Peña Nieto convocó al Comité Nacional de Emergencias y anunció el despliegue de 3.000 militares en la capital- y la secretaría de la Marina de México comenzó las maniobras de búsqueda de supervivientes ayudados por los binomios canófilos, la respuesta ciudadana fue modélica en su organización al evacuar edificios colapsados, hacer acopio de herramientas, utensilios, protegiendo bienes ante posibles réplicas del terremoto y comenzar las cadenas humanas para llevar cubetas y levantar escombros con palas e instrumentos hidráulicos. Para algunas de las operaciones de rescate los militares solicitaron la retirada de cientos de ciudadanos que ayudaban voluntariamente debido a la peligrosidad de extraer escombros sin que se viniera totalmente abajo el piso, perdiendo los pilotes de la construcción y aplastando a supervivientes con los cuales se había establecido contacto por voz o sensor térmico.

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Los voluntarios de salvamento, junto con médicos, personal sanitario y trabajadores de protección civil, colaboraron masivamente a sacar supervivientes, para que las ambulancias salieran lo más rápido posible entre las calles acordonadas de inmuebles derrumbados y llegaran a tiempo a hospitales próximos que tenían en muchos casos una situación de campaña con pacientes en camas al exterior en plena acera o en los estacionamientos por si volvían a temblar los cimientos del hospital.

De forma cíclica, como si el camino de la vida y el camino de la muerte formaran un argumento circular como la metáfora del anillo único, mientras miles de personas estaban en vilo por sus seres queridos, sobre todo quienes buscaban a personas desaparecidas en la tragedia, y las cifras oficiales rebasaban ya 250 muertos, en algunos hospitales se produjeron nacimientos de bebés tras el seísmo en México central. Las complicaciones aumentan cuando un parto se adelanta al punto que la madre tuvo al recién nacido antes de poder llegar al centro de salud, pero el pasado 19 de septiembre de 2017 en México algunas mujeres dieron a luz a sus bebés al tiempo que se producía el gran temblor de tierra, así nacieron Ángel en Morelos o Adolfo Iñaki en Ciudad de México.

“Ya está, compadre, ya tuvo al bebé, en medio del sismo”, Amado Ortiz, un joven padre primerizo, habla por teléfono con un familiar para dar la buena nueva del nacimiento de su primogénito desde la puerta del Sanatorio Durango, en la colonia Roma Norte, la zona cero del terremoto en Ciudad de México, donde se han producido más colapsos de edificios y hay más de un centenar de fallecidos. Jéssica Mendoza, madre del niño, dice que ha sido un parto milagroso y que su instinto maternal le permitió aislarse de todo lo que estaba ocurriendo para poder dar a luz, segundos de oscilaciones de la habitación que se hicieron interminables en los que su vida y la del pequeño estaban en riesgo. El equipo de médicos y enfermeros del centro hospitalario trasladaron a la mujer a la calle y, mientras todo temblaba, consiguieron salvar las dos vidas sin preocuparse por la suya propia.

Mendoza llevaba seis centímetros de dilatación cuando el suelo empezó a temblar. Estaba en una sala de parto y recuperación, y su instinto maternal permitió que se aislara de lo que estaba pasando. “Pese a todo lo que ocurría a mi alrededor, seguí con mi alumbramiento. Me aislé por completo: no escuchaba nada. Solo recuerdo que estaba la doctora Elisabeth Valencia, las enfermeras, una doula -nombre para la matrona que acompaña a la parturienta mientras da a luz-, mi marido y mi madre. Ellos abrían paso entre el caos para poder dar con un espacio seguro”. Dio a luz sobre una banqueta situada en la esquina misma del sanatorio, en la confluencia de las calles de Durango y Sonora, protegida de potenciales derrumbes. Los policías improvisaron un hospital de campaña con unas sábanas en ese espacio para disponer un paritorio.

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Desde ese momento hasta que dio finalmente a luz pasó media hora que se hizo eterna. No fue necesaria ni anestesia epidural ni cesarea. Los materiales con los que los sanitarios atendieron al bebé fueron igualmente precarios: unas gasas esterilizadas, unos guantes y un aparato para medir la frecuencia cardíaca del neonato. Apenas 20 minutos después –casi una hora tras el terremoto–, madre e hijo fueron trasladados a una sala especialmente habilitada para acoger a los pacientes que habían tenido que abandonar las habitaciones del centro hospitalario. “Es un hospital de antigua construcción, pero aguantó bien”, apostilla Mendoza. “Aún así, cuando entré había pedazos derrumbándose”.

Amado Ortiz, padre del bebé, también habla con nerviosismo, al tiempo que agradecido. “El mundo se caía y él vino a salvar el nuestro. Es el mensaje más grande de amor y ejemplo de fuerza y valentía ante la vida”, explica este hombre mexicano. A su alrededor, decenas de pacientes han sido desalojados de la clínica. Esperan tumbados en camas con suero intravenoso por goteo o en sillas de ruedas a que se revise el estado de la estructura del edificio o a que, en definitiva, el temor a nuevas réplicas del terremoto se disipe y puedan volver a entrar en el hospital. A las diez de la noche –casi nueve horas después del temblor–, el bulevar de la calle Durango se ha convertido en un hospital de campaña, plagado de grandes tiendas blancas. Después del desalojo, ese será el techo, esta noche, para los enfermos y el personal sanitario. “Dentro de la gran tragedia que hemos vivido en la Ciudad de México, ha sido muy hermoso el parto. Si Adolfo Iñaki ha sobrevivido a este terremoto justo cuando estaba naciendo, va a superar todo en la vida”.

Sismo México 19 de septiembre de 2017, hospitales CDMX

Sismo México 19 de septiembre de 2017, hospitales CDMX

Como cada 19 de septiembre, Ciudad de México amaneció con el recuerdo del terremoto de 1985. Y como suele ser habitual ese día, se realizó un simulacro de evacuación en Ciudad de México, un protocolo de seguridad y civismo que aprenden a realizar desde los escolares hasta los trabajadores de los edificios de oficinas. Dos horas después del ensayo, las alarmas sísmicas no saltaron. La mayor parte de los sensores están situados en la costa del Pacífico, no en el interior del país, donde se registró el epicentro, próximo a Izúcar de Matamoros, Puebla. No hubo fallo técnico en los sismógrafos, según fuentes oficiales: el temblor no se pudo detectar a tiempo para que la población abandonase el lugar en el que se encontraba para ponerse a salvo.

Dalia Perlasca, de 38 años, vive en un tercer piso de la calle Puebla. “Comenzó a moverse y corrí hacia la puerta pero no podía meter las llaves porque la casa se iba de lado a lado. Suelo cerrar con tres cerraduras por razones de seguridad y me fue imposible abrir a tiempo. Temía que se rompieran las escaleras y sólo podía repetir bajo el dintel de la puerta: me voy a morir”.

“Nos unimos en las adversidades”, aseguraba Claudia García, de 28 años, mientras, apresurada, trataba de instalar una mesa con alimentos en la Avenida Ámsterdam, en pleno corazón de La Condesa, uno de los barrios con más damnificados por el temblor al tratarse de una zona de gran sedimentación, dado que el seísmo, a pesar de ser por falla normal intraplaca, tuvo menor profundidad unos 50 km bajo la superficie terrestre que el sucedido 12 días atrás en la costa del istmo de Tehuantepec, y tuvo epicentro en el interior del continente. El antiguo lago de Tenochitlán cubría antiguamente una parte de la Ciudad de México, donde las colonias de La Roma y Condesa son los distritos más cenagosos y la zona más afectada por el desplazamiento ocasionado en la placa tectónica. Hace 32 años estas dos barriadas se convirtieron en una gigantesca morgue tras el seísmo de 1985, y este martes sensaciones parecidas recorrieron el cuerpo de veteranos y recién llegados. A un paso de ahí, un reguero de gente formaba una cadena humana que se prolongaba cientos de metros hasta llegar a la esquina de la calle Laredo, donde se derrumbó un edificio. Cubos repletos de escombros se movían en perfecta armonía de unas manos a otras. Nunca la improvisación de unos ciudadanos voluntariosos fue tan efectiva. A través de las redes sociales, mensajes por WhatsApp en el celular, en los centros de acopio instalados, los ciudadanos dieron una lección a las autoridades al movilizarse de forma organizada.

Sismo México 19 de septiembre de 2017

En numerosos inmuebles colapsados, los trabajadores de emergencias, ayudados por los voluntarios colocaron en un poste próximo a la acumulación de escombros un cartel improvisado pidiendo silencio a la multitud de ciudadanos para poder escuchar lamentos o gritos de auxilio de posibles supervivientes en el edificio derrumbado. Pero a falta de mostrar carteles pidiendo silencio se utilizó una convención: los gritos de ánimo solo se veían silenciados cuando uno de los especialistas de salvamento levantaba un puño. Es la señal para que todos callen y poder escuchar si hay alguna persona todavía con vida bajo los escombros.

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Durante la noche continúan los trabajos de salvamento y atención a los heridos, los trabajadores de protección civil no se detienen, utilizan planos de la arquitectura del edificio y cascos con linternas para seguir en busca de supervivientes. Tras las escasas pausas se escucha un estruendo generalizado: “¡Viva México!”. Para mantener los ánimos en la penumbra, algunos ciudadanos mexicanos entonan “Cielito lindo” en medio de la noche. Durante las labores de rescate, la gente en la calle entona el célebre estribillo de la canción: “Canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones”. Después, alguien exclama “¡viva México!” y la multitud responde con vítores y aplausos.

Según Mayra Paredes, el vídeo fue grabado por su prima, Anahi Olvera, en la Ciudad de México. Tras su publicación, Cielito lindo se ha convertido en trending topic en Twitter junto con los hashtags #VivaMéxico, #FuerzaMéxico, #MéxicoEstáDePie, #MexicanosFuertes, y el video circula por las redes sociales con miles de reproducciones. Cielito lindo es una canción popular mexicana compuesta en 1882 por Quirino Mendoza y Cortés, ha sido interpretada por Tito Guízar, Pedro Infante, Vicente Fernández, Ana Gabriel, Luciano Pavarotti, entre otros artistas.

La esperanza llega a cuentagotas a los escombros de la calle Álvaro Obregón. Al rumor de que va a entrar maquinaria pesada, le sigue otro de que aún hay seis personas con vida. Al reloj, que marca las 72 horas que los protocolos internacionales señalan para dejar de buscar vidas, le sigue el puño en alto, porque alguien cree haber escuchado una voz en los escombros. El edificio de la calle Álvaro Obregón número 286, entre las colonias Roma y La Condesa, concentra en seis pisos derruidos el tiovivo de emociones en que se ha convertido el rescate durante las últimas horas y que se ha complicado tras el nuevo temblor registrado este sábado 23 de septiembre de 2017 por la mañana en el Estado mexicano de Oaxaca. Las labores de rescate en los inmuebles derrumbados en Ciudad de México han tenido que ser paralizadas. Hasta cuarenta y seis personas siguen atrapadas bajo los escombros, según la lista que han colgado en la farola los familiares de los desparecidos, pero se cree que, al menos, seis podrían estar con vida, debido a que los perros de la Marina y los sensores térmicos han detectado calor y las baterías de los celulares no están totalmente destruidas.

Mientras tanto, la angustia más tangible del terremoto son un montón de madres bajo una lona de plástico, con la cabeza apoyada en las manos, mientras pasan las horas. El martes 19 de septiembre a las 13h14 de la tarde, el edificio se vino abajo desde sus cimientos cuando la tierra comenzó a moverse de lado a lado hasta que se desplomó y engulló a casi 70 personas, en el tiempo que tarda un semáforo en cambiar de color. Hasta ese día el edificio era un digno inmueble de seis alturas con despachos de abogados y contables. A un lado, una tienda de decoración y al otro, apartamentos residenciales. Durante las primeras 24 horas de movilización vecinal, los rescatistas voluntariosos lograron, con más esfuerzo que medios, sacar del edificio a 23 personas con vida.

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Sismo México 19 de septiembre de 2017

Para los que seguían bajo las piedras, comenzó entonces una carrera contrarreloj, con la esperanza de que estuvieran protegidos en un triángulo de vida: quedar resguardado por un soporte compuesto por una columna, un tabique no derrumbado o una mesa de material resistente como para aguantar el peso de los escombros cuando el techo se vino abajo tras el temblor. Los familiares de Javier Sandoval aseguraban haber recibido un mensaje suyo desde escombros. El hermano de Jesús Emmanuel, en cambio, tuvo menos suerte. Llegó desde Guanajuato y estuvo quitando piedras desesperadamente durante dos días hasta que alguien le informó de que el cuerpo de su hermano estaba en la morgue.

Los protocolos internacionales señalan que deben pasar 72 horas antes de abandonar la búsqueda y dar por muertas a las personas atrapadas en caso de sismo. Pero casos históricos como el terremoto de Michoacán, México, el 19 de septiembre de 1985 han demostrado que es posible encontrar supervivientes hasta siete días después del sismo. El pasado viernes 22 de septiembre de 2017, cuatro horas después de cumplirse el absurdo cronómetro, el padre de Noemí continuaba frente a la mole de hormigón y varillas, siguiendo en silencio el trabajo de los rescatistas israelíes. Al otro lado de la cinta amarilla había decenas de periodistas y toda la familia, indígena Mazahua, llegada de San Simón de la Laguna, Estado de México.

Noemí Manuel García, la joven a la que esperan, vivía desde hace unos meses en Ciudad de México. Tiene 21 años, estudia y trabaja por las tardes como oficinista. Había llegado al cuarto piso una hora antes del temblor. “Que hagan algo porque esto es desesperadamente lento. Queremos ayudar y no nos dejan”, dice angustiada su tía, después de tres días a la intemperie frente a la montaña de cascotes. “Estamos pasándolo mal aquí en la calle pero ¿cómo estará ella? ¿qué estará sintiendo?”, se pregunta. “Es en lo único que pienso”.

Una tragedia con centenares de víctimas no se debe singularizar en una sola persona, pero una de las muertes más angustiosas e injustas fue la de Erick Gaona, atrapado bajo los escombros del edificio de cuatro pisos sito en la calle Medellin número 176 esquina con San Luis, en la Colonia Roma. Se vino abajo 40 minutos después del temblor inicial a las 13h15 del martes 19 de septiembre de 2017. Durante dos noches, su familia se mantuvo frente a la mole de hormigón, gritándole a la montaña de escombros con un megáfono: “¡Resiste!, ¡aguanta!, ¡tú puedes, Erick!”.

“Salió y volvió a entrar. Le dijimos que no lo hiciera porque el estado del inmueble se veía feo, pero entró a recoger sus cosas”, recuerda el vendedor del puesto de prensa y golosinas que hay frente a lo que hasta el pasado 19 de septiembre de 2017 era un edificio de oficinas. Se acuerda de él perfectamente: robusto, grande, con barba, unos cuarenta años. Regresar al interior de un edificio casi derrumbado para recuperar algunos objetos valiosos fue la trampa que atrapó a Erick.

Apenas había pasado media hora del temblor y a las 13h50 la sensación en la calle San Luis Potosí era de que la pesadilla había terminado a pesar de que siempre se suceden réplicas con menor magnitud tras el sismo más demoledor. Muchos vecinos aprovecharon para entrar y revisar los daños, pero el edificio de Erick se venció completamente de un lado, sepultándolo dentro. Su familia buscó la lista de Locatel, fue a los hospitales de Xoco, Balbuena y la Cruz Roja de Polanco y en ninguno estaba su hermano. Tenía que estar ahí. Y ya no descansó.

Desde entonces su familia estuvo junto a los servicios de rescate con un megáfono desde el que le hablaba día y noche. “No nos vamos a mover hasta que salgas. Tu hija está bien, tus padres están bien… ten fe”, gritaba a los cascotes su hermana. Durante dos noches, cada ladrido de los perros de rescate de la secretaría de Marina avivaba la esperanza de encontrar a Erick con vida entre los escombros. Hasta entonces, los brigadistas habían sacado de esos mismos escombros a tres personas vivas y tres muertas; ya solo quedaba él, de acuerdo con el recuento que habían hecho los vecinos, amigos y familiares.

La tarde del 19 de septiembre de 2017, en el portal de la calle Medellín número 176 había una vendedora de tortas que quedó aplastada por cuatro pisos junto a una niña. Ambas habían vuelto al changarro después del susto por el terremoto inicial. Solo habían pasado 40 minutos; hasta cierto punto razonable y legítimo que muchos quisieran regresar para recuperar pertenencias valiosas y comprobar que nadie se había quedado dentro. Una reacción tan natural como peligrosa, teniendo en cuenta que ha habido más de un centenar réplicas desde entonces y aún bajando la magnitud de VII a IV, una construcción que se resquebraja puede terminar por derrumbarse completamente en menos e una hora, por lo que muchas personas permanecieron en las calles.

Ininterrumpidamente durante 50 horas su hermana seguía: “Te amo, aquí está tu familia, no nos vamos a mover, resiste”, hablando en el megáfono pensando que lo escuchaba. Cerca del mediodía del jueves 21 de septiembre, Chichi, un pastor belga de aspecto famélico y entrenado en Saltillo, seguía rastreando entre los escombros. Husmeaba hasta que localizó un lugar y comenzó a arañar el cemento de forma frenética. Era la segunda vez que marcaba el mismo punto. Una vez ubicada la existencia de un cuerpo, el equipo israelí y los Topos de México se hundieron entre las piedras y salieron con Erick envuelto en una sábana. Entonces, en un gesto que ya es un símbolo, levantaron el puño para pedir un minuto de silencio. Los rescatistas explicaron al retirar su cuerpo envuelto en el sudario que probablemente falleció en el instante del derrumbe, con la caída de los primeros cristales y el techo que apenas se sostenía.

Su hermana se detuvo entonces ante las decenas de voluntarios que llevaban dos días dejándose la piel sobre los cascotes y tomó el simbólico megáfono para dirigirse a ellos: “Gracias a todos, gracias a quienes han ayudado en las tareas de rescate y a quienes han traído comida y víveres. Pido un aplauso para ellos…”, y se desvaneció entre la gente.

Un especialista en labores de salvamento, recién bajado de la montaña de escombros, dijo que logró ver trece cuerpos y que estaban todos en fila india. “Estaban bajando por la escalera durante el sismo”, explica. Repentinamente, a las seis de la tarde, en Álvaro Obregón, número 286 hay más agitación de lo normal. “Un ortopedista, motosierras, tambos (tonel de lámina)…” los equipos de rescate piden objetos inusuales, frente a una mayoría de trabajadores con picos, palas, cubetas. La ilusión prende en todos cuando un responsable de emergencias y protección civil llama a los familiares para explicarles los avances: “Colín, Sandoval…”, vocea los apellidos. Finalmente los rescatistas han logrado terminar un túnel y parece que podrán acceder a la gente atrapada bajo el hormigón. Pero tardarán, advierten. Al caer la noche las familias siguen sin tener noticias y la esperanza se desvanece un poco más, con el paso del tiempo se debilitan las expectativas de encontrar con vida a los desaparecidos. Entre los escombros levantados se encuentran cada vez más cadáveres en estado de descomposición. Dos días después, el recuento de muertos de la Agencia de Protección Civil en todo el país llega a casi 300 fallecidos.

publicidad



Puedes compartir la entrada en algunas redes sociales:

 

Si te parece interesante la entrada, puedes considerar suscribirte de forma totalmente gratuita, por feed o por email, para recibir nuevos contenidos cuando sean publicados. Puedes consultar debajo otras entradas relacionadas.

Escribir comentario




;-) :wikipedia: :tears: :supermario: :shutupandtakemymoney: :sad: :rubor: :rolleyes: :rock: :razz: :pacman: :omg: :odd: :nice: :nibble: :mrgreen: :lol: :linux: :linkzelda: :like: :here: :google: :github: :firefox: :evil: :enojado: :devianart: :chrome: :bomberman: :bender: :apple: :android: :ajedrez: :-S :-O :-D :-8