Inquietud por la política de Trump sobre cambio climático

Publicado en Noticiascon fecha 14 - diciembre - 2016

 

Con el paso de las semanas tras su victoria en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, Donald Trump va configurando su gabinete de gobierno, asignando puestos y carteras a algunos pesos pesados del partido republicano con los que tuvo enfrentamientos durante las primarias, cerrando rencillas y fortaleciendo su discurso de proteccionismo económico frente a los tratados de libre comercio internacionales, negativa a intervenciones militares en Oriente Medio, recuperación de las relaciones con Rusia. Mientras los medios de comunicación mayoritarios siguen histéricos con cada nombramiento, Donald Trump ha moderado el tono del discurso de campaña y está siendo un presidente electo bastante previsible, pergeñando su equipo de gobierno antes de dejar su residencia en el piso 66 de la torre Trump en Manhattan, 721 Fifth Avenue
New York, NY 10022, para mudarse a la Casa Blanca el próximo 20 de Enero de 2017, en 1600 Pennsylvania Ave NW, Washington, DC 20500, cediendo el control de su imperio empresarial a sus descendientes.

Gobierno de Donald Trump sobre cambio climático
Diagrama elaborado por The New York Times, con los altos cargos nombrados por Donald Trump para su gabinete de gobierno. Las posturas en relación al cambio climático están establecidas por colores: rojo – negacionista declarado del cambio climático, amarillo – no considera prioritaria la investigación científica sobre el cambio climático, verde – actitud moderada y favorable a protocolos para reducir emisiones contaminantes, negro – sin posición conocida. El nombramiento más preocupante hasta ahora es Scott Pruitt para la Environmental Agency.

Mientras Donald Trump termina de hacer los últimos nombramientos para cada departamento de gobierno durante la breve transición, crece la incertidumbre por su política sobre el cambio climático, tanto que se han producido movilizaciones sociales y protestas de grupos ecologistas como Greenpeace, investigadores, meteorólogos, científicos que trabajaron en el departamento gubernamental de Energía, líderes de comunidades indígenas de nativos americanos y estudiantes por los nombramientos de políticos negacionistas del cambio climático y una mayoría de altos cargos públicos que no consideran prioritario mantener administraciones públicas e instituciones dedicadas a la investigación científica del cambio climático, por lo que se anunció un recorte de hasta 100 mil millones USD. Bajo el lema o hashtag en las redes sociales como Twitter, StandUpForScience se están publicando comentarios y noticias donde se teme que todo el conocimiento acumulado para detener o ralentizar el calentamiento global sea dilapidado por el próximo gobierno, favorable a continuar con los combustibles fósiles y la extracción hidráulica a gran profundidad, aunque en los tweets se querellan detractores contra seguidores de Trump.

Frente a la codicia inherente al discurso de Al Gore durante la elaboración de los documentales contra el cambio climático y sus onerosas conferencias de la última década, la posición de Donald Trump sobre el cambio climático ha sido escéptica, más que negacionista como estilaba en el año 2012, considerando que no hay suficiente investigación científica para sacar conclusiones infalibles sobre el calentamiento global; más aún, que el cambio climático sea consecuencia únicamente de la acción del hombre en el planeta, en el periodo denominado Antropoceno, desde la revolución industrial o incluso tomando como referencia el periodo 1880-2016 donde se acumulan los estudios gubernamentales sobre el clima. En 2015 el presidente Obama a través de la Agencia de Protección Medioambiental, puso como objetivo la reducción de las emisiones en un 30 % para el año 2030. Lo que Trump considera es que si Estados Unidos se atiene a los Acuerdos de París de 2015 para reducir sus emisiones contaminantes, con el objetivo de limitar el aumento de la temperatura media mundial a 1,5 °C sobre los niveles preindustriales, otros países serán más competitivos, dejando de ser la primera potencia mundial frente al sudeste asiático. Es un debate con precedentes olvidados, que proviene del Protocolo de Kioto sobre el cambio climático promovido por las Naciones Unidas preparado entre los años 1997 y 2005, que Estados Unidos y Canadá nunca ratificaron, alegando que limitaría su crecimiento económico frente a China y otros países en desarrollo más reticentes y recelosos puesto que Norteamérica fue más contaminante cuando vivió su etapa de mayor crecimiento y producción.

“I’m still open-minded. Nobody really knows,” Trump said. “Look, I’m somebody that gets it, and nobody really knows. It’s not something that’s so hard and fast. I do know this: Other countries are eating our lunch.”

Frente a esta última declaración escéptica de Trump hace unos días, conviene recordar lo que decía en noviembre de 2012, básicamente que el concepto del calentamiento global fue creado para favorecer a China, limitando la competitividad de Estados Unidos para que otros países que padecieron atrasos históricos en desarrollo industrial les alcancen en producción interior bruta. No es por tanto que Trump sea un iletrado testarudo que niegue el conocimiento científico acumulado, sino que es reticente a que Estados Unidos pierda su hegemonía en el orden económico mundial, aunque sea a costa de mayor daño medioambiental.

Según Trump haría falta más investigación científica de las agencias estatales de medio ambiente y meteorología, así como de la agencia nacional aeroespacial, que no pude hacerse sin mantener el presupuesto económico en dichas instituciones. Hay evidencias ineludibles del agotamiento de combustibles fósiles como el petróleo que ya sólo se encuentran en reservas a gran profundidad en el planeta, lo cual obligará a una lenta transición a las energías renovables y los coches eléctricos hacia el año 2050, el calentamiento global cuya causa dominante o factor fundamental son las emisiones contaminantes, gases efecto invernadero: dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), y gases industriales fluorados: hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6) desde 1950, ha sido absorbido por los océanos sin que se observen los deshielos de los polos que había previsto Al Gore y los ecologistas más agoreros. Por lo que el cambio climático se realiza afortunadamente de un modo más lento y gradual en el sufrido planeta Tierra.

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