Así llegó Donald Trump a la Casa Blanca (III)

Publicado con fecha 22 - Noviembre - 2016

Donald Trump se mofó en muchas ocasiones de la poca energía que tenían sus apocados oponentes, durante las primarias republicanas la tomó con Jeb Bush, que ni con todo el dinero que se gastó en publicidad fue el candidato elegido por el partido como candidatura republicana a la presidencia. Ya en campaña electoral hacia la Casa Blanca, Donald Trump se mofó de Hillary Clinton por la escasa frecuencia de mitines y su paupérrima concentración social, como en el mitin de Omaha, Nebraska, que no pudiera mantener su ritmo frenético de mitines recorriendo todo el país sin descanso, que no fuera capaz de subir o bajar escaleras sin agarrarse a la barra ni montarse en un coche sin que la auparan. Y el señor Trump es algo más mayor, con 70 años de edad.

Hillary Omaha meeting 2016

Como es sabido, el slogan de la campaña presidencial de Trump estaba copiado del expresidente Reagan de 1980, con una sutil diferencia al simplificarlo: se cambió “Let’s Make America Great Again” por “Make America Great Again“. De animar a los ciudadanos a recuperar entre todos el esplendor de la nación, al imperativo autoritario de Trump. Reagan alentaba al pueblo estadounidense, Trump lo ordena como si hubiera una conmoción nacional o un Estado de excepción. La preparación plagiadora de Trump comenzó mucho tiempo atrás de las primarias, cuando días después de las elecciones presidenciales del año 2012, que perdió Mitt Romney frente a Barack Obama, registró como marca el slogan Make America Great Again, como si fuera de su propiedad intelectual. A excepción de copiar dicha frase, las similitudes entre el temple de Reagan y la actitud histriónica de Trump son escasas, salvo en su capacidad de showman:

Incluso el discurso de Melania -pronunciado con un acento horrible y espantoso- en la convención republicana celebrada en julio de 2016 en Cleveland, modelo eslovaca, mujer trofeo, a la sazón esposa de Trump y ya primera dama de Estados Unidos, estaba plagiado de forma totalmente descarada del discurso que hiciera Michelle Obama en la campaña del año 2008:

Melania Trump (2016)

“Mis padres me marcaron con la idea de que tienes que trabajar duro para conseguir lo que quieres en la vida. Que tu palabra te compromete y que haces lo que dices y cumples tu promesa. Que tratas a la gente con respeto. (Mis padres) me enseñaron que debo mostrar mis valores y mi moral en mi vida. Ésa es la lección que yo sigo transmitiendo a nuestro hijo.

Y necesitamos transmitir esa lección a las muchas generaciones que vienen. Porque queremos que nuestros niños en esta nación sepan que el único límite para sus logros es la fuerza de vuestros sueños y la disposición a trabajar para conseguirlos”.

Michelle Obama (2008)

“Y Barack y yo fuimos educados, como tantos otros, en los mismos valores: que tú trabajas duro por lo que quieres en la vida; que tu palabra te compromete y que haces lo que dices que vas a hacer; que tratas a la gente con dignidad y respeto, incluso aunque no los conozcas e incluso aunque no estés de acuerdo con ellos.

Y Barack y yo queremos construir vidas guiadas por esos valores, y transmitirlas a la próxima generación. Porque queremos que nuestros niños y todos los niños de esta nación sepan que el único límite para el nivel de vuestras aspiraciones es el alcance de vuestros sueños y la disposición a trabajar para conseguirlos”.

Como un dramaturgo del certamen ateniense de las Leneas, Donald Trump supo presentar en los escenarios de los mítines referentes conocidos y respetados en el imaginario estadounidense, haciendo cambios meramente estéticos para aparentar innovación y continuidad histórica. Algo similar a la maqueta que propone Homer Simpson para renovar el aspecto de la central nuclear de Springfield, copiando el modelo anterior y añadiendo meramente unos alerones en la parte exterior de los reactores. Una de las frases más sonadas de Trump en los mítines al final de campaña presidencial, apenas días antes de las elecciones del 9 de noviembre de 2016 fue “I don’t need Beyonce nor Jay-z to fill this arena, I don’t need J-Lo nor Bon Jovi, I don’t need them to fill my rallies”, jactándose de que no necesitaba a celebridades de la música o iconos culturales afroamericanos e hispanos para convocar a las masas, bastando su propia popularidad, frente a Hillary, sus artistas de MTV e incluso el uso de una niña actriz con guión de la pregunta que tenía que hacer, al estilo de Lisa Simpson: “Señor Burns, su campaña parece un tren de mercancías desbocado y sin frenos, ¿por qué es usted tan popular?” Frente a los plagios de Donald Trump, la publicidad impostada de Hillary Clinton en sus mítines de cartón-piedra. Trump insistía a las cámaras que giraran alrededor y no lo enfocaran solamente a él, para que se observaran las multitudes que era capaz de congregar en estadios, frente a la paupérrima audiencia de Hillary.

En el libro Masa y Poder de Elias Canetti de 1960, se analizaban los fenómenos sociológicos aparecidos en el periodo de entreguerras en los regímenes totalitarios con dictadores que eran similares a personajes teatrales, histriónicos que a través de una estética de Estado no artística, lograban convocar a las masas que rendían culto a su personalidad. Algunas de las conclusiones del libro Masas y Poder aplicables al fenómeno Trump son que los líderes políticos convocan a las masas y necesitan mantener siempre la congregación evitando que se diluya, pues la masa no aparece espontáneamente ni se da cita sin un director, pese a que los individuos dentro de la masa siempre quieren ver densidad, crecimiento de los integrantes e igualdad entre los miembros, la masa generada por Trump era cerrada y excluyente por criterios ideológicos y geográficos, de tipo anillo, retenida y rápida -utilizando la terminología de Canetti- al perseguir la meta cercana en el tiempo de la victoria presidencial en las elecciones del 9 de noviembre de 2016.

Masa cerrada: al contrario de la masa abierta, la masa cerrada se configura mediante límites; en lugar de un crecimiento infinito y de una incorporación indiscriminada de miembros, este tipo de masa se configura como un espacio cerrado en donde la pertenencia al grupo pasa por una serie de filtros geográficos e ideológicos. La cantidad de nuevos integrantes es limitada, por lo cual el crecimiento y la fuerza de la masa son menores; sin embargo, la masa cerrada tiene una mayor estabilidad que la abierta y, consiguientemente tiene mayor capacidad de perdurar. Si la masa abierta era fundamentalmente fugaz y se desintegraba al momento en que su crecimiento paraba o su meta común era alcanzada o diluida, la masa cerrada, en la medida en que no depende de su crecimiento, tiene la posibilidad de la repetición (ante la perspectiva de volver a reunirse, la masa supera una y otra vez su disolución).

La masa como anillo: se refiere a la masa presente en los estadios o arenas. Es un tipo de masa cerrada puesto que hay un espacio limitado que define de antemano el máximo de espectadores que conformarán la masa, es decir, existe una densidad preestablecida. Tiene la característica fundamental de ser doblemente cerrada, puesto que la descarga en la cual se diluyen las diferencias individuales en pos de la unidad común no se da hacia afuera del estadio (como una ola de incendios, por ejemplo), sino hacia adentro, hacia los propios integrantes de la masa al interior de la arena. Una segunda característica de este tipo de masa consiste en que, al tener la forma de anillo, un lado de la masa ve de frente al otro, con lo cual aparece un juego especular en el que las reacciones de una parte afectan y excitan a la otra.

Una de las promesas más radicales de Donald Trump fue que construiría un gran muro en la frontera de Estados Unidos y México, insistiendo a lo largo de su campaña que el muro sería pagado por México. Propuso medidas de seguridad fronteriza contra la inmigración ilegal, declarando en julio de 2015 que “el gobierno mexicano incentiva a su gente más indeseable a emigrar a Estados Unidos, nos traen gente con problemas, criminales, narcotraficantes y violadores”. En su primer mitin en la ciudad de Derry, New Hampshire, el 19 de agosto de 2015, Trump declaró: “Día 1 de mi presidencia, los inmigrantes ilegales se irán” y en Alabama, uno de los Estados más racistas y empobrecidos, azuzó con demagogia los tópicos de que la mano de obra inmigrante destruía empleos a los nacionales prometiendo que los doce millones de indocumentados serían deportados en dos años, a la mitad de su mandato.

Donald Trump intercaló su promesa de construir el muro en la frontera con México, con aseveraciones donde mostraba respeto hacia los trabajadores mexicanos a los que había tenido en sus empresas y hacia los empresarios mexicanos con los que había hecho negocios, pero no con los inmigrantes ilegales. Sin embargo, la edificación del muro y obligar al gobierno mexicano a pagarlo, fue una de sus fanfarronadas yankees, pues finalmente no lo considera determinante en su política de seguridad. “Dedicará mucho tiempo a controlar la frontera. Quizá no dedique tanto tiempo a intentar que México pague por construir un muro para impedir la inmigración, pero fue una gran herramienta de campaña”, declaró Newt Gingrich al diario The Washington Post, presidente de la Cámara de Representantes en los noventa.

Instituciones religiosas judías como el Comité Judío Estadounidense, la B’nai B’rith, la Conference of Presidents of Major American Jewish Organizations, el rabino Shalom Baum, presidente del Rabbinical Council of America, la Asamblea Rabínica del movimiento conservador, el Religious Action Center of Reform Judaism, la Reconstructionist Rabbinical Association y el National Jewish Democratic Council repudiaron las declaraciones de Trump acerca de elaborar un censo de musulmanes residentes en Estados Unidos y no permitir la entrada de nuevos musulmanes por motivos de seguridad nacional declarando que “importarían generaciones de fanatismo, fundamentalismo y terrorismo”, por considerarlos discriminatorios, contrarios al espíritu y los valores estadounidenses, la tolerancia religiosa y el liberalismo constitucional, que comenzó históricamente con los tratados de tolerancia religiosa en la Ilustración y derechos fundamentales como la libertad de culto.

El ministro de interior de Israel, Aryeh Dery, expresó que la asunción de Trump como presidente significaría el ocaso y final del movimiento judío conservador y el judaísmo reformista, al considerar que tanto Trump como sus asesores tenían convicciones antisemitas y carecían de una política coherente en relación al conflicto árabe-israelí como para que Estados Unidos se implicara en el proceso de paz en Palestina, dado que Trump ha realizado comparaciones de incitación al odio como que las políticas de Israel en sus fronteras y los métodos contra grupos terroristas árabes deberían ser empleados en la frontera con México, además de que los conocimientos de Trump en materia de religión dejan tanto que desear que no es capaz de hacer una cita de la Biblia. Sin embargo, Trump moderó posteriormente su discurso dando prioridad a la relación diplomática con Israel antes que al acuerdo con Irán. El propio empresario ha reconocido que para él la religión es una estrategia más de integración social e institucionalización, para arraigarse en una sociedad aceptando sus costumbres, como él mismo hizo adoptando el rótulo de protestante presbiteriano por la familia de su madre, evitando la tradición protestante luterana de los abuelos alemanes, o como su hija Ivanka al convertirse al judaísmo como alianza de poder con su marido, el partidazo Jared Kushner, nieto de supervivientes del Holocausto.

USA elections 2016 Trump

Una vez elegido presidente de Estados Unidos, Donald Trump ha tenido que modular el discurso de retórica incendiaria, para controlar sus propias excentricidades y tratar de conciliar a la sociedad que mediante la continua crispación había dividido en dos mitades, calmando los ánimos para frenar la espantada hacia Canadá y las protestas callejeras entre vencedores y vencidos. De algún modo reconociendo que buscaba el poder por el poder, sin ideología definida ni un programa dado, salvo sus convicciones personales, y que no tenía preparada una agenda política con medidas que poner en marcha, pues amasar una fortuna como empresario no significa tener conocimientos de políticas económicas, como demostrara aquel añejo debate patrio entre Pizarro y Solbes, Trump ha suavizado sus posturas con respecto a revocar por completo algunas de las reformas legislativas del mandato de Obama, prefiriendo conservar parte de las ideas para el nuevo sistema de sanidad, renegociar los tratados de libre comercio más que rescindirlos por completo, eligiendo acuerdos bilaterales con países cercanos pero anulando el Acuerdo Transpacífico de Libre Comercio, así como reconsiderar la posición geoestratégica de Estados Unidos en las relaciones diplomáticas, evitando más intervencionismo militar en Oriente Medio.

A través de sus perfiles en redes sociales, Donald Trump ha publicado un vídeo donde anuncia sus planes para los 100 primeros días de mandato, ni una sola mención contra la inmigración, ni el muro a México ni el censo a musulmanes, sólo reformas de proteccionismo económico, de larga tradición en la historia de Estados Unidos, sobre todo en el sector agroalimentario como aparece en el clásico libro Economics in One Lesson publicado en 1946 por Henry Hazlitt.

Todo político profesional -un showman televisivo no es tan diferente- sabe que durante la campaña debe utilizar un discurso modulado para ser el que más apoyos populares reciba, centrándose en determinados grupos de población, para cambiar súbitamente a otro discurso tras ganar las elecciones, afortunadamente en este caso para moderarse. Después de todo, si se truncó la candidatura de Bernie Sanders a la presidencia por el sabotaje de los demócratas, Donald Trump no parece -como se difundió desde los mass media- la peor opción, dado que Hillary Clinton podría haber llevado al mundo a la Tercera Guerra Mundial, un escenario bastante más oscuro. En campaña, Trump prometió acabar con la influencia de los lobbys para exaltar a la población empobrecida de las zonas rurales del centro de Estados Unidos y áreas desindustrializadas del Rust Belt en sectores como la minería, donde el carbón ya no da empleo ni 100.000 estadounidenses dada la automatización de las minas y la existencia de otras vías de aprovechar energía, la siderurgia y la automoción, prometiendo aranceles -impuestos sobre las importaciones- a México y China para frenar su crecimiento y la recuperación de las viejas fábricas, frente al discurso de Hillary Clinton de cerrar los sectores obsoletos como las centrales térmicas de carbón, poner límites legales por criterios medioambientales a la extracción hidráulica de los combustibles fósiles como el gas y transitar a las energías renovables, pero ese discurso no llegó a convencer salvo en las metrópolis costeras.

USA elections 2016 Trump

Aunque se reuniera con Nigel Farage, líder del Partido por la Independencia del Reino Unido, y se rumoreara que piensa buscar alianzas con partidos de ultra derecha para crear un partido identitario europeo, respecto a la política sanitaria y económica en Estados Unidos habrá probablemente más bremain (continuidad-permanencia) que brexit (ruptura-salida). La (En inglés: Affordable Care Act) reforma sanitaria promulgada por Obama en 2010, ha ampliado la cobertura médica a decenas de millones de estadounidenses que no tenían recursos económicos para pagarse un seguro médico privado. La ley establece un mandato individual que exige a los ciudadanos adultos sin plan de salud que mantengan una cobertura médica, a riesgo de ser penalizados con una multa. Aquellos ciudadanos cuyos ingresos estén por debajo del cuádruple del umbral de pobreza (92.200 USD al año para una familia compuesta por cuatro personas) recibirán préstamos con el fin de subvencionar el pago del seguro de salud. La elegibilidad de Medicaid, el programa de salud de los Estados Unidos para subvencionar planes de salud a personas de bajos recursos económicos, tendrá normativas en cada Estado en función de ingresos del grupo familiar o extender la cobertura a los hijos. La ley prohíbe a las empresas de seguros discriminar por enfermedades previas o género, exigiéndoles otorgar cobertura a todos los solicitantes y a ofrecerles las mismas tarifas.

Trump se mostró abierto a un sistema de sanidad público que cubriese a todos los estadounidenses teniendo en cuenta que anteriormente sólo los funcionarios -por la administración estatal- y determinados trabajadores -a través del contrato laboral con su empresa- recibían cobertura sanitaria y el resto de la población tenía que costear seguros privados, pero en la campaña electoral siguió el ideario republicano de revocar el legado de Obama. Tras ser elegido presidente está dispuesto a conservar dos partes en la redacción de la ley: la que prohíbe a las aseguradoras privadas negar un seguro médico a las personas con enfermedades previas en su historial clínico, y la que permite que el seguro de los padres cubra a los hijos hasta los 26 años de edad.

Trump ha incluido en su equipo de gobierno a Jeffrey Eisenach, ejecutivo del sector de las telecomunicaciones, Michael Catanzaro, del sector petrolero, o Michael Torrey, del sector agroalimentario, además de rodearse de sus familiares para asignarles un puesto dentro de la administración gubernamental: Ivanka y su marido Jared Kushner, así como su hijo Donald Jr, por lo que no tardarán en llegar las acusaciones de nepotismo, aún cuando suenan nombramientos de republicanos ultraconservadores con los que no había tenido buena relación en campaña, reconciliándose con su propio partido para no generar ansias de impeachment. Incluso cerrando enfrentamientos con los Clinton reconociendo que no buscaría ningún proceso judicial contra ellos. “Toda esta mitificación de que Trump era alguien foráneo que llegaría para destruir el establishment y drenar el pantano a las clases dirigentes, la metáfora que usaba cuando prometía que acabaría con la influencia de los lobbys y las grandes corporaciones, eran frases de trilero”, declaró al periódico The New York Times el republicano Peter Wehner.

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