El coraje mexicano en la guerra contra el narcotráfico

Publicado en Noticiascon fecha 21 - junio - 2011

 

La guerra contra el narcotráfico en México es posiblemente la preocupación política interior más importante entre los ciudadanos mexicanos que en la escalada de violencia dejó 15,273 muertos en el pasado año 2010, y a nivel internacional en la lucha contra el crimen organizado siendo una estrategia unida entre el ejército y la policía federal mexicana puesta en marcha por Felipe Calderón desde el año 2006, deteniendo a numerosos líderes de los diferentes cárteles de la droga, cuya producción de cocaina, heroina, marihuana y algunos tipos de drogas sintéticas como las metanfetaminas son vendidos a nivel nacional, exportados sobretodo a Estados Unidos en su mayor porcentaje -cerca de 80%- y aunque menos, también a España.

Además de la corrupción y deserción en los cuerpos de seguridad del Estado, el contrabando de armas adquiridas en armerías de la frontera con Estados Unidos, un sistema judicial ineficaz por la alta impunidad de los crímenes y las dificultades de acceso por desigualdades sociales, la causa raíz de inestabilidad en el Estado de Derecho de la república federal mexicana está en el consumo de droga en núcleos urbanos de bajo nivel de conciencia moral, debido a que no se corta la solidez financiera del crimen organizado por la vía aparentemente más accesible de todos los ciudadanos que es reforzada por la persecución de los activos económicos de los criminales, para combatir el miedo por el terror de los secuestros, violaciones y asesinatos.

Aunque los cárteles de la droga llevan décadas usando el terror mediante la violencia armada en diferentes zonas de Colombia, Guatemala, Honduras, El Salvador y México, notablemente los asesinatos en Ciudad Juárez de cientos de mujeres, incluyendo las rivalidades entre los criminales, muchos sicarios constantemente renovados son varones jóvenes sin expectativas profesionales, de barrios marginados, sin conocimientos sobre la producción y exportación de droga, pero atraidos por las ofertas de poder y dinero de los cárteles.

Militares en Michoacán, en la guerra contra el narcotráfico en México, año 2007.

En la edición digital de El País, puede leerse el reportaje ‘México Heroico‘, con historias de ciudadanos mexicanos que se han unido con un enfoque crítico sobre los resultados que está dando la guerra contra el narcotráfico, donde decenas de miles han fallecido, con noticias horribles que se han hecho parte de una espera cotidiana, donde no extraña a muchos leer que han aparecido cuerpos decapitados en una vía. Arturo Valenzuela, un cirujano de Ciudad Juárez que decidió quedarse apoyando la asociación de médicos, Martha Rivera Alanís, una maestra de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, alcalde de García, localidad de Monterrey donde reformó repetidas veces el cuerpo de policía militarizado, María Santos Gorrostieta, alcaldesa de Tiquicheo en Michoacán que muestra su cuerpo con heridas de bala, Marisela Escobedo, madre asesinada ante el Palacio de Gobierno donde se había quedado para exigir justicia por el asesinato de su hija, Luz María Dávila y Javier Sicilia, madre y padre con hijos asesinados por sicarios de los cárteles de droga que encabezaron junto con otros ciudadanos mexicanos marchas de conciencia cívica desde Cuernavaca.

Hay un antes y un después de “lo de Villas de Salvárcar”. Ocurrió el 31 de enero de 2010. Quince jóvenes que celebraban una fiesta en un barrio de Ciudad Juárez fueron acribillados. Desgraciadamente, no fue la crueldad del crimen lo que lo convirtió en famoso, sino unas declaraciones que hizo el presidente Felipe Calderón. Sin salirse de la versión oficial, que sostiene que la inmensa mayoría de los caídos desde 2007 son sicarios que se matan entre sí, el presidente de la República atribuyó la matanza a un ajuste de cuentas entre bandas. El patinazo no pudo ser mayor. Enseguida se supo que los muchachos eran en su mayoría buenos estudiantes y deportistas, víctimas de la espiral de locura y muerte que azota a Ciudad Juárez, donde en el año 2010, y a pesar del despliegue de más de 10.000 policías federales, se produjeron 3.100 homocidios. El presidente Calderón no tuvo más remedio que ir ocho días después a Juárez y disculparse ante los familiares de los muchachos. Una de las madres, Luz María Dávila, rota por el dolor, lo encaró:

“Disculpe, señor presidente, yo no le puedo decir bienvenido porque para mí no lo es. Yo quiero justicia. Mis hijos eran dos muchachitos que estaban en una fiesta. Y quiero que usted se retracte de lo que dijo. Dijo que eran pandilleros. Mentira. Mis dos hijos estudiaban y trabajaban. No tenían tiempo de andar en la calle. Eran mis dos únicos hijos y ya no los tengo. Ahora quiero justicia. Ustedes siempre hablan y no hacen nada. Quiero que se ponga en mi lugar y siente lo que ahorita estoy sintiendo yo. No me diga que sí, ¡haga algo, señor presidente!

Aquella súplica sigue pendiente. La situación del país va de mal en peor. La cifra de asesinatos, de secuestros, de asaltos, de robos… va en aumento. Durante los últimos meses han sido cientos los cadáveres encontrados en fosas clandestinas. Hay zonas, como Tamaulipas, donde el Estado no es capaz de garantizar la seguridad ni en la carretera principal, la 101, que une la capital desl Estado, Ciudad Victoria, con la fronteriza Heroica Matamoros. Hace unas semanas se supo que una madrugada sí y otra también, grupos de sicarios a bordo de lujosas camionetas y manejando fusiles de alto poder se sitúan al borde de la carretera, dan el alto a los autobuses de línea, suben a ellos, eligen a punta de pistola a unas cuentas mujeres y a unos cuantos hombres y los bajan. A ellas las violan allí mismo y a ellos se los llevan para intentar extorsionar a sus familias. Luego los entierran en fosas clandestinas. ¿Cuántos? No se sabe. ¿Quiénes? Tampoco. ¿Por qué? Menos. Estas tres preguntas con sus respuestas -o la falta de ellas- se pueden aplicar a la guerra que vive México. Más de 40.000 muertos, 9.000 sin identificar, 5.000 desaparecidos…

Y justo ahora, cuando todas las veredas parecían conducir inexorablemente al precipicio, un rumor ha empezado a escucharse en la calle. A ratos sordo como un lamento. A veces indignado. Ante la incapacidad del Gobierno de detener la sangría constante -y también de abrazar a las víctimas de la barbarie-, un hombre de pelo cano, sombrero de paja y dos relojes en la mano izquierda, se ha puesto en camino. Se llama Javier Sicilia. Es poeta. Como la mayoría de los mexicanos, observa con horror la deriva de su país. Pero también como la mayoría, permanecía quieto. El pasado 28 de marzo de 2011, su hijo Juan Francisco, de 24 años, fue asesinado en Cuernavaca junto a otros jóvenes y dos adultos. Sicilia, que se encontraba en Filipinas, regresó a México, anunció que jamás volvería a escribir poesía, puso junto a su reloj el de su hijo y se echó a la calle para intentar recuperar la conciencia cívica, entrentarse al miedo, reclamar justicia.

Marcha de ciudadanos mexicanos desde Cuernavaca a Ciudad Juárez.

-¿Por qué, en vez de encerrarse en su dolor, ha salido a la calle a decir basta?

-Por dignidad. Y por mi hijo. Porque su desgracia le está poniendo cara y nombre a la de 40.000 desconocidos. Y, sobre todo, porque tengo que hacer todo lo posible para que no muera ni un muchacho más.

A través del poeta Sicilia, de Marisela Escobedo o de Luz María Dávila, los mexicanos se han ido enterando de que la versión oficial no es del todo cierta. Que muchos de los 40.000 muertos tal vez sí fueran sicarios, pero que otros muchos no pudieron evitar su mala fortuna.

Un día, sin avisar, la guerra vino a buscarlos.

Puntos clave en el pacto ciudadano por la paz

1. Exigimos esclarecer asesinatos y desapariciones y nombrar a las víctimas.

Se deben esclarecer y resolver los asesinatos, las desapariciones, los secuestros, las fosas clandestinas, la trata de personas y el conjunto de delitos que han agraviado a la sociedad. Determinar la identidad de todas las víctimas de homicidio es un requisito indispensable para generar confianza.

Exigimos a las autoridades estatales y federal la resolución pública que presente a los autores intelectuales y materiales de algunos de los casos emblemáticos que han agraviado a la sociedad, entre ellos la familia Reyes, Marisela Escobedo y su hija Rubí, las niñas y niños de la guardería ABC, la familia Le Barón, los jóvenes de Villas de Salvárcar, los jóvenes de Morelos.

Convocamos a la sociedad civil a rescatar la memoria de las víctimas de la violencia, a no olvidar y exigir justicia colocando en cada plaza o espacio público placas con los nombres de las víctimas.

2. Exigimos poner fin a la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana. Se debe cambiar el enfoque militarista y la estrategia de guerra de la seguridad pública y asumir una nueva estrategia de seguridad ciudadana con enfoque en los derechos humanos.

3. Exigimos combatir la corrupción y la impunidad.

Se requiere una amplia reforma en la procuración y administración de justicia que dote de verdadera autonomía al Ministerio Público y al Poder Judicial que establezca el control ciudadano sobre las policías y los cuerpos de seguridad, avance en la reforma de los juicios orales y establezca sistemas más efectivos de control judicial que reduzcan la discrecionalidad en los procedimientos y resoluciones de fondo.

4. Exigimos combatir la raíz económica y las ganancias del crimen.

La criminalidad y su violencia tienen como su motor las ganancias derivadas del narcotráfico, los secuestros, la trata de personas, la extorsión, la venta de protección y demás delitos que después reinyectan los recursos en la economía mediante el lavado de dinero. Exigimos un combate frontal al lavado de dinero y activos de los delincuentes.

5. Exigimos la atención de emergencia a la juventud y acciones efectivas de recuperación del tejido social.

Exigimos una política económica y social que genere oportunidades reales de educación, salud, cultura y empleo para jóvenes porque son las y los principales víctimas de esta estrategia.

6. Exigimos democracia participativa.

Mejor democracia representativa y democratización en los medios de comunicación.

Enlaces:

– Artítulo en El País sobre las medidas políticas a nivel local en la lucha contra el narcotráfico, ‘Son mexicanos, son valientes‘.
Historia del narcotráfico en México.
Guerra contra el narcotráfico en México.

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